En nuestra consulta semanal a SingularityHub, encontré un artículo de Shelly Fan publicado el 4 de agosto, en donde comenta sobre un muy ambicioso proyecto de llevar centros de datos al espacio.
Esto, ante el enorme debate que existe respecto de la cantidad de energía y agua, que consumen los nuevos centros de datos ante la explosión del uso de IA.
La carrera por llevar centros de datos al espacio suele presentarse como una solución casi perfecta para alimentar la inteligencia artificial, energía solar prácticamente permanente, ausencia de limitaciones territoriales y la posibilidad de trasladar fuera de la tierra parte de la enorme infraestructura que exige la IA.
En un centro de datos terrestre, los procesadores convierten electricidad en información, pero también en calor.
Una de las dificultades menos intuitivas de una innovación como está, es, que en el espacio, el deshacerse del calor que se genera, es mucho más difícil que en la tierra.
Aquí adquieren importancia las nuevas placas y superficies térmicas capaces de extraer el calor prácticamente desde su origen, aumentando la eficiencia con la que posteriormente puede radiarse al espacio.
Tecnologías basadas en superficies micro y nanoestructuradas, por ejemplo, buscan aumentar la capacidad térmica sin exigir un rediseño completo del hardware.
El Instituto de Tecnología de California y Sophia Space, una empresa emergente de California que desarrolla tecnología de computación orbital, presentaron recientemente una patente para un sistema de refrigeración de chips diseñado para irradiar calor hacia el espacio profundo.
Denominados Sophia TILE, miles de estos chips podrían conectarse para formar grandes centros de datos orbitales u organizarse en grupos distribuidos de menor tamaño.
Al funcionar gracias a la abundante luz solar, los chips podrían operar de forma continua sin consumir recursos terrestres.
El equipo espera poner a prueba su propuesta para el año 2030.
El sistema térmico empieza a convertirse en parte esencial de la arquitectura computacional, condicionando tamaño, masa, orientación, consumo energético y hasta la capacidad de procesamiento.
La IA necesita más cómputo; más cómputo demanda más energía; más energía genera más calor; y ese calor puede convertirse en el factor que determine hasta dónde puede llegar la expansión.
Cada día nuevos retos, y también, nuevas soluciones exponenciales.