Esta semana encontramos en Singularity Hub, un artículo escrito por David Rotman, en el sitio MIT Technology Review, donde señala que existe muy poca evidencia de que la Inteligencia Artificial (IA) sea la causa principal de los despidos masivos observados recientemente en sectores tecnológicos.
En los últimos dos años la narrativa casi apocalíptica, es que la IA está destruyendo empleos a una velocidad sin precedentes y millones de trabajadores quedarán desplazados en el corto plazo.
Sin embargo, cuando se revisan los datos reales del mercado laboral, la conclusión es mucho más matizada y menos dramática de lo que sugieren los titulares.
Muchos de estos recortes responden más a ajustes financieros, sobrecontratación posterior a la pandemia y cambios macroeconómicos que a una sustitución directa por la IA.
Esto no significa que la IA sea inocua; la tecnología ya está transformando tareas relacionadas con programación, redacción, análisis de datos, servicio al cliente y labores administrativas.
Pero el patrón predominante hasta ahora, no es la eliminación total de puestos.
La tendencia hacia 2030 es que los trabajos rutinarios, repetitivos y altamente estructurados serán cada vez más automatizados.
Esto aumentará el valor de habilidades humanas como liderazgo, creatividad, negociación, pensamiento crítico, supervisión de sistemas inteligentes y toma de decisiones complejas.
Diversos estudios sugieren que, aunque la IA desplazará millones de puestos en la próxima década, también generará nuevas oportunidades derivadas del aumento de productividad y de industrias que hoy ni siquiera existen.
La verdadera amenaza no es que la IA nos deje sin trabajo, sino que millones de personas no adquieran las competencias necesarias para trabajar junto a ella.
El desafío hacia 2030 será menos tecnológico y más educativo.
Las naciones que formen talento para aprovechar la IA, serán las que capturen la riqueza del futuro; las que no lo hagan, enfrentarán una creciente brecha de competitividad y bienestar.
Para México, el riesgo es particular; la amenaza no proviene de la IA per se, sino de la velocidad con la que otras economías están adaptando sus sistemas educativos, empresariales e industriales.
Estados Unidos, China, Corea del Sur y Singapur están formando generaciones enteras para trabajar con inteligencia artificial, en cambio, muchas instituciones educativas mexicanas, continúan preparando profesionistas para un mercado laboral que está desapareciendo.