El agua y la IA

  • Mundo Industrial
  • Luis Apperti

Tamaulipas /
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Cada vez que hablamos del crecimiento explosivo de la inteligencia artificial aparece una preocupación recurrente: ¿de dónde saldrá toda el agua que necesitarán los gigantescos centros de datos?

Esta aseveración no es del todo precisa. Los centros de datos sí consumen agua, principalmente para sus sistemas de enfriamiento, pero las nuevas tecnologías están reduciendo rápidamente ese consumo.

Los sistemas de circuito cerrado, el enfriamiento directo y el uso de agua reciclada están cambiando radicalmente la ecuación.

El verdadero problema del consumo de agua no está necesariamente dentro del centro de datos, sino afuera.

Los servidores necesitan enormes cantidades de electricidad, y producir esa electricidad puede requerir mucha más agua que el propio centro de datos.

Dependiendo de la tecnología utilizada para generar energía, una parte importante de la huella hídrica de la inteligencia artificial puede encontrarse precisamente en las plantas eléctricas que alimentan sus procesadores.

Y aquí aparece una paradoja fascinante: la misma inteligencia artificial que está aumentando extraordinariamente la demanda de electricidad puede convertirse también en una de las herramientas que nos permitan producirla de manera radicalmente diferente.

La IA está acelerando el descubrimiento de materiales, la simulación de plasmas, el diseño de reactores y la optimización de sistemas energéticos.

Los pequeños reactores nucleares modulares podrían permitir generar grandes cantidades de electricidad de manera continua, con una huella territorial relativamente pequeña y sin depender del clima.

Todavía no podemos afirmar que la fusión comercial esté a la vuelta de la esquina ni que los pequeños reactores modulares ya sean la solución definitiva.

Pero estamos entrando en una etapa en la que la IA puede acelerar tecnologías que durante décadas avanzaron lentamente.

Por eso, quizá estamos formulando equivocadamente la pregunta.

El futuro no consiste en decidir cuánta agua estamos dispuestos a sacrificar para tener inteligencia artificial.

Consiste en construir una nueva arquitectura energética capaz de producir abundante electricidad con mucho menor impacto sobre nuestros recursos.

La IA no necesariamente es el problema del gran consumo de agua; más bien, nos va a ayudar a resolverlo.



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