La nueva frontera médica

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  • Luis Apperti

Tamaulipas /
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Esta semana, encontramos en SingularityHub un artículo escrito por Ed Caran, sobre un niño de tres años con un cáncer de hígado metastásico, que ya no respondía a la quimioterapia.

Después de recibir dos infusiones de células CAR-T modificadas genéticamente, el cáncer desapareció.

Un año después, continúa sin evidencia detectable de la enfermedad.

El caso, publicado en The New England Journal of Medicine, es todavía experimental y corresponde a un solo paciente.

Pero su importancia va mucho más allá de ese niño.

Las células CAR-T representan uno de los cambios más fascinantes de la medicina moderna.

En lugar de diseñar un medicamento que ataque directamente al cáncer, se extraen células del propio sistema inmunológico del paciente, se modifican genéticamente para reconocer una característica específica de las células cancerosas y posteriormente se vuelven a introducir en el organismo.

En otras palabras: estamos convirtiendo nuestras propias células en un medicamento vivo.

En este caso, los investigadores dieron un paso adicional.

Las células fueron programadas para reconocer la proteína glypican-3, presente en las células de este tipo de cáncer, y además fueron modificadas para producir interleucina-15 e interleucina-21, moléculas destinadas a aumentar su capacidad de sobrevivir y combatir el tumor.

Aquí comienza lo verdaderamente revolucionario; Durante siglos, la medicina consistió fundamentalmente en encontrar sustancias capaces de combatir una enfermedad; antibióticos, antivirales, quimioterapia.

Ahora estamos entrando en una era diferente; la medicina empieza a programar la biología.

Y si agregamos a esta revolución el desarrollo de la inteligencia artificial, la dimensión cambia nuevamente.

La IA ya está acelerando la identificación de proteínas, el diseño de moléculas, el descubrimiento de medicamentos y la comprensión de los mecanismos celulares.

Quizá estamos viendo el nacimiento de una medicina capaz no solamente de tratar enfermedades, sino de diseñar soluciones biológicas específicas para cada paciente.

Todavía falta muchísimo, este tratamiento se encuentra en fase inicial y el resultado de un solo niño no permite saber todavía qué tan eficaz será en otros pacientes.

Pero hay momentos en la historia de la ciencia en los que un experimento deja entrever el futuro; este sin duda, es uno de esos momentos.


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