Los días santos

Ciudad de México /
Únete al canal de Milenio
Las religiones son muy importantes.

Por supuesto que las iglesias cometen errores, que son parte de su humanidad, que no escapa a las tentaciones que en una sociedad se califican como maldades. De eso hay muchos ejemplos; sin embargo, es injusto confundir las iglesias con las religiones, porque la religión tiene una profunda concepción metafísica, espiritual, difícil de demostrar con la ciencia.

Hay un libro que describe a más de 100 científicos importantes que se inspiraron en la Biblia. Este libro y su sucesor, el Corán, así como el budismo y el islamismo, tienen conceptos que trascienden la materia y colocan a las personas en el mundo espiritual, y a través de este universo la gente va perfeccionando no solo sus creencias, sino sus actitudes.

El día de ayer, la Iglesia cristiana conmemoró la muerte del hijo de Dios que, según señalan los escribas, vino a demostrarnos que con su sacrificio se podían expiar los pecados cometidos y que son claramente establecidos tanto en la Ley de Moisés como en el Código de Hammurabi, pieza del Museo del Louvrey que señala aspectos muy semejantes a los que describe La Biblia. Igual sucede con el islamismo de Mahoma, 300 años después de la presencia de Cristo en la Tierra.

Esto tiene que inspirar respeto en las religiones, no necesariamente a los errores terribles que ha cometido la Iglesia. Este mundo es transitorio y hay mucha gente atea, pero en el fondo de ellos hay una esperanza, que mantiene vivas las buenas voluntades y previene la maldad, pues aunque no se puede documentar por la ciencia, exceptuando el hallazgo de Francis Collins (director de NIH) que hay un centro de Dios en el cerebro, es difícil demostrarlo. Como decía Pascal: “Si no tienes algún otro razonamiento útil, apuéstale a la existencia de Dios. No vaya a ser cierto”.

La ausencia de una creencia metafísica, según Angela Merkel, ha producido un mundo pragmático, material, sin amor y con intereses puramente mercantiles. Por eso es importante tener una creencia que mantenga viva la llama del espíritu.

Descartes: Pienso, luego existo… Creer en algo inexplicable es una muestra innata de amor, lo que está representado en las religiones como un acto de entrega y amor que, según está demostrado en las neurociencias, produce placer y reditúa con la esperanza.

Luis Eugenio Todd 


  • Luis Eugenio Todd
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS