Hablar de transición energética en México sin fortalecer la planeación eléctrica es como construir autopistas sin saber hacia dónde va el tráfico. El país ha impulsado de manera decidida el desarrollo de energías renovables, y el siguiente paso consiste en asegurar que la expansión y modernización del sistema eléctrico acompañen ese crecimiento. Una planeación de largo plazo permitirá que la electrificación productiva se consolide como un verdadero motor de competitividad, inversión y desarrollo.
La demanda mundial de electricidad continúa acelerándose. La Agencia Internacional de Energía (AIE) prevé un aumento promedio de 3.4 por ciento anual entre 2024 y 2026, impulsado por la electrificación de la industria, la movilidad, los centros de datos y la incorporación de nuevas fuentes renovables. El mundo ha entrado en una nueva etapa, la denominada “era de la electricidad”, en la que el principal desafío consiste en construir redes capaces de transportar, administrar y operar energía limpia con los niveles de confiabilidad, accesibilidad, flexibilidad y resiliencia que exige una economía cada vez más electrificada.
Al respecto, la AIE estima que la inversión global en tecnologías y soluciones de energía limpia ascendió a 2.2 billones de dólares en 2025, pero también advierte que una parte creciente de esos recursos deberá destinarse a la expansión y modernización de las redes eléctricas. La Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena) coincide en que la electricidad será el principal vector de la transición energética hacia 2050. La evidencia internacional apunta en una misma dirección. Sin transmisión (una infraestructura robusta y preparada para evolucionar), no habrá transición, es decir, la descarbonización de las industrias difícilmente podrá avanzar al ritmo requerido para cumplir con las metas sostenibles nacionales.
En México existen diagnósticos claros. Instrumentos como el Programa de Desarrollo del Sistema Eléctrico Nacional 2024-2038, el Plan de Fortalecimiento y Expansión del Sistema Eléctrico Nacional 2025-2030, así como los análisis técnicos desarrollados por Cenace y Sener ofrecen una base sólida para comprender los desafíos que enfrentará el país. Todos coinciden en que el crecimiento de la demanda, la integración de generación renovable y la electrificación de nuevos sectores requerirán una red más flexible, digitalizada y preparada para operar bajo condiciones cada vez más complejas.
El siguiente paso será convertir ese conocimiento técnico en procesos permanentes de planeación de largo plazo. Para ello resulta fundamental fortalecer espacios de colaboración como Cigre México, donde participan la Comisión Federal de Electricidad, Cenace, academia, fabricantes de tecnología y especialistas del sector para analizar, desde una perspectiva técnica, los retos operacionales de la red y construir soluciones compartidas. La magnitud de la transición energética hace evidente que ningún actor puede enfrentar este desafío de manera aislada.
Esa visión conjunta debe traducirse en una planeación integral con horizontes que trasciendan los ciclos administrativos y permitan anticipar la evolución del sistema eléctrico. Esto implica incorporar desde ahora proyectos estratégicos como corredores de transmisión en corriente directa de alta tensión, el desarrollo de parques eólicos costa afuera, soluciones avanzadas de almacenamiento y nuevas tecnologías digitales que fortalezcan la estabilidad y resiliencia de la red. Planificar con visión de largo plazo permitirá asegurar márgenes de reserva sostenibles y generar las condiciones de certidumbre que requieren las inversiones industriales y de infraestructura.
Al mismo tiempo, será indispensable mantener un ritmo sostenido de inversión en transmisión, automatización y modernización de la red eléctrica. Una infraestructura preparada para integrar generación renovable, atender nuevos centros de consumo y responder con flexibilidad a las variaciones de la demanda constituye uno de los principales habilitadores de la competitividad nacional. La experiencia internacional demuestra que los países que fortalecen oportunamente sus redes eléctricas crean mejores condiciones para atraer inversión, impulsar el crecimiento económico y acelerar la transición energética.
En esta conversación suele privilegiarse la expansión de la generación, pero con frecuencia se deja de lado un componente igualmente estratégico: la eficiencia energética. La transición consiste en producir electricidad más limpia, conectarla con confiabilidad y utilizarla con inteligencia. Esto involucra no sólo a las empresas del sector eléctrico, sino también a la industria, los gobiernos, la academia y la sociedad en su conjunto. La eficiencia energética implica ahorrar energía, promover un consumo racional y garantizar que la generación, la transmisión y el consumo se realicen con la calidad y confiabilidad que demanda una economía moderna.
La transición energética trasciende el ámbito de la política pública y debe entenderse como una estrategia de desarrollo nacional. Expandir la electrificación con fundamentos técnicos permitirá fortalecer la competitividad industrial, atraer nuevas inversiones, reducir la dependencia de combustibles importados y construir un sistema energético más resiliente frente a los desafíos del futuro. Sin embargo, ese objetivo sólo será posible si la planeación, la innovación tecnológica y la colaboración entre instituciones públicas, operadores del sistema, industria y academia permanecen en el centro de la toma de decisiones.
México cuenta con el talento, las capacidades institucionales y la experiencia técnica para avanzar en esa dirección. La oportunidad radica en consolidar una visión compartida que convierta ese conocimiento en proyectos concretos, fortalezca la resiliencia de la red eléctrica y siente las bases para una economía cada vez más electrificada. En última instancia, la competitividad del país, la seguridad energética y el éxito de la transición convergen en un mismo principio: colocar el enfoque técnico en el centro de las decisiones que definirán el futuro del sistema eléctrico mexicano.