“La Fiesta de XV años de Morena Coahuila (1)”

Laguna /

Aparecen listos para la fiesta de XV años el próximo 7 de junio: los candidatos de Morena; Guadalupe de Aguinaga, Antonio Attolini, Cinthia Cuevas, Alberto Hurtado, Alejandra Salazar, “el foráneo” Fernando Hernández y los otros diez.

Cada uno tiene bien aprendido su acordeón para competir en estas elecciones intermedias y defender con sus vidas, de ser necesario, porque la ideología no les alcanza, a la quinceañera llamada “proyecto de transformación”. 

Sin embargo, al son de la “Cumbia del Desmadre” de la banda Tierra Sagrada, la quinceañera llora porque sus zapatos no han llegado, su vestido color guinda le quedó inmenso, el pañuelo color verde feminista que le regaló Alejandra asfixia su cuello y el sombrero de charra soberana en color rojo fuschia da vueltas en su cabeza.

“La cumbia y el desmadre ya llegó. La cumbia y el desmadre ya está aquí…”

Sus papás bien empotrados en el Comité Ejecutivo Nacional no han apoyado los “15s” con dinero o mínima coordinación, porque mientras mamá Luisa María bailaba un jarabe tapatío con vestido de China Poblana, cómo manda el protocolo soberano de AMLO, para triturar la alianza con el PT y el PVEM y mandar al WC las reformas electorales A y B de la presidenta; ésta pavimentó la llegada de Citlalli Hernández como presidenta de la comisión de elecciones para sanar las heridas causadas por la mamá Luisa y amarró el arribo de Adriana Montiel a la presidencia de Morena que se llevará a cabo el próximo 3 de mayo.

Mientras mamá Luisa María promovía el negocio de cervezas artesanales de su novio, el diputado federal Arturo Ávila, en la Feria de San Marcos; la misma presidenta envió a Luisa al glamoroso y exquisito puesto de la Consejería Jurídica de Presidencia.

¿Dónde andaba el desobligado papá Andy para apoyar los “15s”? La mamá Luisa no sabía nada de él. 

Porque papá Andy se comunicaba, de vez en cuando, con ella a través de intermediarios. 

¿Su excusa? Estar ocupado en terapias holísticas para entender el porqué no fue capaz de heredar la inteligencia y el carisma políticos de su padre, aunque estuviera dispuesto, como lo escribió en su memorable carta: “a pagar la cuota de humillación cuando se lucha por una causa justa y en contra de los opresores del pueblo”: claro, más allá de las acusaciones en su contra por “presunta delincuencia organizada, tráfico de hidrocarburos, contrabando, encubrimiento y operaciones con recursos de procedencia ilícita, acción delictuosa, tráfico de influencias y enriquecimiento ilícito”. (Continuará).

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