“Magistrado Decano al Banquillo”

Laguna /

Hubo un movimiento para impulsar la candidatura del magistrado Decano, Óscar Nájera Davis a una presidencia de transición del Poder Judicial por 12 meses.

Éste no prosperó, pero puso en riesgo su continuidad como magistrado. Su ausencia de ética e imparcialidad lo pusieron al borde del abismo.

En el 1er caso, Nájera encabezó al grupo de magistrados de la Sala Colegiada Penal del TSJ que “recurrió al plagio” en el proceso judicial contra Javier Villarreal Hernández, ex tesorero de HMV. Hoy, testigo protegido de las autoridades norteamericanas.

“La sentencia de 2ª instancia del 24 de enero de 2017, otorgó la razón al Juez de 1ª Instancia en Materia Penal quien, el 16 de octubre de 2015, absolvió a Villarreal Hernández en la causa penal 76/2011.

“En (esa sentencia), es posible identificar argumentos que fueron copiados de otros documentos, pero presentados como si se tratara de razonamientos vertidos por los magistrados que suscriben la sentencia”.

En el 2o caso, más reciente, Nájera Davis habría incurrido en supuestos delitos como extorsión agravada, falsificación de documentos y abuso de funciones para fincar responsabilidades administrativas y penales a 3 trabajadores del Centro de Justicia Penal de Piedras Negras y forzar su despido definitivo.

Esta fue la respuesta de Nájera contra esos 3 empleados que presentaron una queja formal ante el Consejo de la Judicatura del Estado, porque Nájera Davis los despidió sin motivo alguno.

Existe un video en el cual Nájera instruye al administrador general sobre cómo presionar a los 3 empleados para que renuncien de manera definitiva.

Ante tal falta de ética e imparcialidad como magistrado, Antonio Berchelman, prestigiado jurista y constitucionalista, marca a Nájera Davis el único rumbo digno a seguir: renunciar o jubilarse para no enlodar al Poder Judicial. No hay otro.

A menos que Nájera enfrente como magistrado los juicios legales que vendrían bajo una nueva camada de magistrados para recordarle esta frase: 

“Quién tiene a un acusador como juez, necesita a Dios como abogado”.

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