“México: entre la tragedia y la farsa (1)”

Laguna /
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El país, azorado, mira cómo cobra vida la frase de Karl Marx en El 18 brumario de Luis Bonaparte (1852): la historia ocurre dos veces, primero como tragedia y después como farsa.

La llegada de Andrés Manuel López Obrador al poder en 2018 representó una tragedia para México. 

Pero las razones de su triunfo nunca han sido examinadas con autocrítica por los partidos de oposición. 

¿Cómo no habrían de esperar las mayorías empobrecidas la llegada de un mesías redentor en un país de caudillos e instituciones débiles, mientras un neoliberalismo voraz profundizaba las desigualdades, en medio de corrupción e impunidad? 

¿Para qué votar —se preguntarían esas mayorías— si el PRI y el PAN, cuando gobernaron, no atendieron sus demandas de una vida digna y justa?

La ironía es que la tragedia estaba en curso antes de que AMLO llegara al poder, aunque hoy ningún partido ni empresario quiera reconocerlo. 

Su gobierno, sin embargo, agravó la situación: dejó una deuda pública superior al 51 % del PIB; un déficit fiscal cercano al 5.7 %; millones de recetas sin surtir; más de 800 mil muertes en exceso durante la pandemia; una presencia militar ampliada en áreas estratégicas; presencia territorial del crimen organizado en las 32 entidades del país y el debilitamiento de los contrapesos al Ejecutivo. 

Además, sentó las bases para transformar los poderes Judicial y Electoral.

AMLO echó por la borda décadas de esfuerzos de millones de mexicanos por fortalecer las instituciones democráticas y devolvió al país a las prácticas autoritarias del PRI de las décadas de 1950 y 1960.

La farsa comenzó cuando dejó en la Presidencia a Claudia Sheinbaum, condicionada por la estructura de poder de su antecesor y por el fracaso o los sobrecostos de obras emblemáticas: el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas, el Corredor Interoceánico, el AIFA, Mexicana de Aviación y la Megafarmacia del Bienestar.

AMLO tampoco la dejó sola: buena parte de los gobernadores y legisladores de Morena fueron postulados bajo su liderazgo. 

A ello se sumaron sus operadores políticos en el Congreso y figuras clave del gabinete. 

Con disciplina militante, Claudia aceptó esas condiciones asfixiantes. (Continuará).

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