La maldición de Coatlicue, diosa azteca de la vida y la muerte, contra Morena es letal:
Utilizará a Trump para extraditar políticos morenistas vinculados con el crimen organizado. Luego, agudizará la lucha interna, resultante de la embestida trumpiana, entre las facciones morenistas, hasta lograr su autodestrucción.
Coatlicue escupe llamaradas de fuego para maldecir el presente y el futuro de Morena. Su primer latigazo flamígero adquiere la figura de Trump: “Sí México no hace su trabajo” en la lucha contra el narcotráfico, “nosotros lo haremos” (porque) “Los cárteles gobiernan México”.
Envuelta Claudia en una madeja de alambre de púas, responde apanicada: “sin pruebas no puedo detener a Rocha”, además, ustedes tienen en Estados Unidos “un problema grave de consumo de drogas que alimenta el tráfico legal de estupefacientes”.
“Mientras piensa; ¿cuánto más puedo aguantar a Trump sin responder a ´los procedimientos claramente previstos en el Tratado de Extradición entre México y Estados Unidos –cuya jerarquía jurídica es superior a la de las leyes internas mexicanas´?
“Está por darme el soponcio por dos vías: “Desde dentro, el ala del Ejército ligada a la línea dura obradorista´, desató rumores de mi próxima salida por ser incapaz para gobernar el país.
“Mientras, ´el ala dura amloista´ me exige defender la soberanía para proteger a nuestros políticos morenistas ligados al crimen organizado, sin importar el costo político para mi y Morena. ¡Yo quiero llorar!
“Y desde fuera: ¿Cuánto más puedo resistir al pelos de zanahoria sí a partir de mi rechazo para detener y extraditar a Rocha y sus 9 compinches decide cerrar la mayoría de los 53 Consulados mexicanos en EU?
¿O sí insiste en llevar a cabo operaciones armadas encubiertas o no para combatir al crimen organizado en territorio mexicano?
“¿Qué tal sí utiliza de manera paralela algunas de sus otras armas? En la renegociación del T-MEC, en la imposición de aranceles, en el cierre de la frontera a placer, en la suspensión de entregas de visas y en las acusaciones a entidades bancarias nacionales por lavado de dinero. No chinguen, ¡me quiero morir!
Coatlicue, amantísima, calma tu furia divina, implora Claudia arrodillada y llorando: “¡somos mujeres las dos! Recuerda, diosa mía, por amor a tu hijo Huitzilopochtli, que conmigo llegaron todas las mujeres al poder”. (Continuará).