La diosa mexica lanza una segunda llamarada que se transforma en la figura de AMLO sentado en el escusado de una celda en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn.
Las palabras de Ariadna Montiel, nueva dirigente de Morena, quedaron incineradas cuando dijo: “en nuestro partido no se tolerarán gobiernos corruptos”. “Y los candidatos para 2027 deben ser impecables”.
¿Cómo imagina Ari que Morena pueda mantener su poder político sin estar vinculado al crimen organizado o al dinero del huachicol fiscal en la mayoría de las entidades del país?
¿Cuántos de los 24 gobernadores morenistas y aliados ganaron sus respectivas gubernaturas sin el apoyo financiero del crimen organizado y del huachicol fiscal con tufo morenista a Ricardo Peralta, Américo Villarreal, los hermanos Carmona, Adán López, Mario Delgado, Jesús Ramírez, los hermanos Farías Laguna y Hernán Bermúdez?
Ganadas las elecciones, ¿cuántos de esos gobernadores y sus respectivos presidentes municipales no acordaron por comisión u omisión cogobernar con el crimen organizado?
Las preguntas son pertinentes, porque Ari pretende ignorar la relación sistémica entre el poder político morenista, nutrido por financiamiento del crimen organizado y del huachicol fiscal como sello de la casa.
Razón por la cual le será imposible encontrar candidatos incorruptibles e inmaculados en su partido.
Las llamaradas de Coatlicue elevan en un remolino de fuego al sansón trumpiano, a Claudia llorosa y a los morenistas detenidos y extraditados a EU: Rocha, María del Pilar, Delgado, Américo, Durazo, Adán, Andy y AMLO, entre otros.
Mientras ese proceso toma lugar, las luchas fratricidas al interior de Morena inician, entre claudistas que intentarán, sin éxito, moralizar y purgar al partido de sus elementos indeseables y los obradoristas, más poderosos por financiar el poder político de Morena, que blindarán a esos despreciables, cueste lo que cueste, para evitar la debacle del movimiento.
Coatlicue ríe a carcajadas ante la autodestrucción guinda. Su maldición está cumplida.