Yo (maravillado): ¡Wooow! ¿Y Foucault?
MP: En un principio, él ni siquiera hablaría de fútbol. Sería más provocador. Hablaría del Mundial como una gigantesca fábrica global de cuerpos y de vigilancia.
Los movimientos de los futbolistas son medidos mediante GPS, sensores, inteligencia artificial, análisis biométrico, nutrición científica y medicina deportiva.
El cuerpo deja de ser únicamente biológico para convertirse en un objeto de administración.
E iría todavía más lejos. Millones de aficionados son disciplinados y aceptan voluntariamente controles de seguridad, cámaras, reconocimiento facial, geolocalización, aplicaciones oficiales, seguimiento digital y el consumo constante de datos.
Foucault diría que el Mundial produce un gigantesco espacio de vigilancia aceptada, no coercitiva, porque los aficionados participan con entusiasmo.
De esta manera, el poder ya no necesita imponerse: se vuelve atractivo.
Y añadiría otra dimensión del poder: la producción de los relatos que dominan el torneo.
¿De dónde surgen? De los comentaristas, las redes sociales, los algoritmos, la FIFA y los patrocinadores.
En esencia, para Michel, el Mundial administra nuestros cuerpos, nuestras emociones y nuestra manera de actuar, pensar, sentir y mirar el fútbol.
Yo (en éxtasis): ¡Maravillosa explicación, Iluminado!
MP (puntual): Hijo, me esperan en el huerto. Ciao.