Banxico hizo hoy exactamente lo que el mercado esperaba: mantuvo la tasa en 6.50%, por unanimidad. Si bien la decisión era esperada, la guía prospectiva sí sorprendió. La decisión de hoy tuvo lugar en un ambiente muy apretado en relación con la política monetaria de EE. UU., y lo que Banxico dijo que podría llegar a hacer confirmó las sospechas de más de uno en el mercado, yo incluido.
Con la Fed en un rango de 3.75% a 4.00%, la diferencia entre la tasa de Banxico y el techo de la tasa estadounidense cayó a 2.50 puntos porcentuales: el menor diferencial desde que México opera con una tasa objetivo. Esto no significa que Banxico haya perdido margen de maniobra; pero sí significa que el colchón es más delgado y que cada decisión de la Fed pesará mucho más en México.
Además, cuando la Fed inicia un ciclo de alzas, rara vez se detiene tras un solo movimiento. No es una ley (en política monetaria no existen), pero sí una regularidad. Hoy, los futuros descuentan hasta cuatro incrementos adicionales hacia finales de 2027, lo que llevaría el techo de la tasa estadounidense a 5%. Si Banxico permaneciera inmóvil en 6.50%, el diferencial se comprimiría a apenas 1.50%. Estaríamos entrando en territorio desconocido.
¿Por qué importa? Porque México no compite sólo contra su pasado. El inversionista compara el rendimiento adicional que recibe por mantener pesos contra el riesgo cambiario, fiscal, político y de liquidez que asume. Mientras más pequeño sea el diferencial, menor será el premio por tolerar esos riesgos. El peso puede seguir resistiendo gracias a otros factores, pero la tasa dejará de ser el enorme amortiguador que fue durante los últimos años.
Aquí aparece el verdadero dilema de Banxico. Si el tipo de cambio absorbe el cierre del diferencial de manera ordenada, sin contaminar expectativas ni precios, la Junta podría darse el lujo de permanecer en pausa. Incluso podría discutir algún recorte durante 2027 si continúa la desinflación. Pero si el peso se deprecia de manera rápida y desordenada, el panorama cambia: Banxico tendría que defender su mandato y probablemente volver a subir la tasa, a pesar de la debilidad en la economía doméstica.
Por eso, la política monetaria relativa será mucho más importante que antes. Banxico no necesita copiar mecánicamente a la Fed, pero tampoco puede fingir que lo que haga la Fed es irrelevante. Independencia monetaria no significa indiferencia cambiaria. La Junta tendrá que conservar flexibilidad para reaccionar y, quizá más importante, para comunicar que esa reacción dependerá de la velocidad y del impacto de los movimientos del peso, no de un diferencial mágico que deba defenderse a cualquier costo.
El comunicado de hoy parece reconocerlo. Banxico señaló expresamente que, por las diferencias entre ambas economías, no tendría que reaccionar de forma mecánica a los ajustes de la Fed. También sustituyó la guía relativamente clara de agosto (cuando consideraba apropiado mantener la tasa en su nivel actual) por una referencia al proceso desinflacionario y a sus determinantes. Si bien no anunció un recorte inminente (ya que el balance de riesgos sigue sesgado al alza), sí retiró parte del cerrojo que cerraba esa posibilidad.
¿Está abriendo la puerta para bajar la tasa en 2027? Tal vez. Sin embargo, la llave de esa puerta no estará únicamente en la inflación. Estará también en el peso. Si la moneda aguanta, Banxico tendrá espacio para mirar hacia abajo; si no aguanta, tendrá que mirar nuevamente hacia arriba. La pausa continúa, pero dejó de estar en piloto automático.