El acceso a la educación media superior y superior continúa su ascenso, aunque en materia de logros y de calidad todavía queda mucho por conseguir. En las últimas cuatro décadas, una parte de la inversión privada ha encontrado en la educación una generosa mina. Tal venero, transmutado en negocio, localiza clientes-estudiantes, ávidos de obtener una credencial. Incluso algunas universidades públicas han caído en el garlito y hablan de “servicio educativo”.
Con la expansión de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC), dentro de la educación a distancia, se han diversificado programas de nivel medio superior, licenciatura y de posgrado, ya sea a través de la educación virtual o mediante la educación en línea. Al haberse mercantilizado el quehacer educativo, gravitan una multiplicidad de programas impartidos por empresas que -enmascaradas con la labor educativa- no solamente lucran con el “servicio” sino que, aun teniendo baja calidad, acrecientan el fraude en la formación que presumiblemente brindan a sus potenciales clientes.
Mientras las universidades públicas imparten programas de licenciatura cuya duración oscila desde los cuatro años y medio, hasta los seis o siete, según el campo del que se trate, otras instituciones particulares afirman que es posible adquirir esa misma formación en tres años. Por si acaso la ganga fuese limitada, la mayoría advierte que los(as) maduros(as) estudiantes solamente deberán dedicar uno o dos días a la semana o, más descarado, que bastarán los tiempos libres para estudiar a placer. ¿Así o más obsequioso?
Concedamos que algo aporta la edad y la experiencia laboral de los clientes-alumnos que asisten, pero ¿tanto como para recortarla por dos flancos, es decir, en duración del programa y en dedicación al estudio? Misterios que se agigantan cuando quien marca la pauta es su majestad, Don dinero. Por supuesto, en este tipo de prácticas se cumple la débil fórmula que hoy goza de vigorosa fama: Ganar-Ganar. Rentabiliza el empresario de la educación y sus clientes consiguen, con menos estudio, la credencial profesional deseada.
La evaluación integral y profunda del sistema educativo privado, podría ser parte de una reforma educativa de largo aliento. Así, tras la siega, se podría separar el trigo de la cizaña.
Educación privada: trigo y cizaña
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Luis A. Guadarrama Rico
Ciudad de México /
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