Opinión

Desterrar la guerra

Luis Lozada León

Tal vez un poco tarde, después de las festividades navideñas, el mundo entero torna su pensamiento a aquella legendaria e inolvidable leyenda donde aparecieron los ángeles y cantaron “Gloria a Dios” en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Entendemos que paz a los hombres de buena voluntad, es lo que cantaron los ángeles, y no paz a todos los hombre buenos y malos. Y muy sabios deberán ser lo ángeles porque, efectivamente, no hay milagro que pueda traer la paz al corazón de Donald Trump, hombre de mala fe y voluntad.

No solo pasa en su fuero interno, sino que crea la guerra donde quiera que se encuentre. He ahí el dilema y el problema que tenemos los mexicanos y el mundo para hacerle entender a la bestia que la guerra, la amenaza, la intriga, el amago, la delación no es el camino, sólo con voluntad e ideales reformadores, se podrá llegar a tener paz. Donald Trump es un esquizofrénico, enfermedad mental que se caracteriza por alteraciones de la personalidad, alucinaciones y pérdida del contacto con la realidad; es una amenaza al mundo que incita a la guerra.

El viernes de la semana antepasada el presidente de Estados Unidos ordenó liquidar al general Qasem Soleimani, el poderoso y temido jefe de la fuerza Quds de Irán, lo que elevó al máximo la tensión entre los dos países, sin mediar motivo alguno, sino como sinónimo para elevar su popularidad en la próxima elección presidencial, como alguna vez lo vaticinó para Obama en su reelección. Se necesitaría toda una enciclopedia para adjetivizar a Trump, sólo podemos decir que es un demente ostenta la presidencia del país más poderoso del mundo. México debe ser muy inteligente en su política de negociación .

La guerra ha afectado negativamente a la sociedad, ya que es un resultado de malas decisiones de los gobernantes que causa una negatividad al pueblo; los que mueren son inocentes por causa de las malas decisiones de los gobernante, eso afecta lo moral, lo económico, lo político y lo social.

Desmantelemos la guerra y eduquemos a nuestros hijos, por la paz, ya que estamos contaminados por las ideas erróneas del pasado acerca de lo que constituye la grandeza del individuo y de la nación y muchos hemos perdido la capacidad de forjar hermosos sueños, para desarraigar de nuestras mentes la guerra. Dejemos que nuestros hijos sean los que construyan un mundo nuevo desterrando para siempre la palabra guerra. 

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