Como una costura que se deshilacha, continúan jalando los hilos amarillo y negro del Partido de la Revolución Democrática.
En el artículo pasado, abordamos el tema de la ingratitud de sus agremiados así como de la desbandada hacia otros partidos.
Como era de esperarse, Luis Miguel Barbosa, antes de que otra cosa sucediera, renunció a la coordinación del PRD en el Senado.
Incluso, la designación de su sucesor no estuvo ajena a la polémica, pues 15 senadores nombraron Raúl Morón como nuevo coordinador, pese a los reclamos de Dolores Padierna, quien fue la primera designada por el Comité Ejecutivo Nacional Perredista. Una discrepancia total entre militantes.
Evidentemente, hay un problema desde adentro. Para entender la democracia interna es preciso considerar varios elementos: el nivel de respeto y garantía de los derechos fundamentales dentro del partido; la organización y los procedimientos internos, las corrientes que interactúan en el seno de la organización y los órganos de control de su vida interna.
Democracia interna se refiere a la adopción de los principios del sistema democrático en el interior de las organizaciones políticas. Es necesario tomar en cuenta, los factores sociales que intervienen y sus relaciones, incluyendo todo aquel conjunto de fundamentos jurídico-políticos, disposiciones normativas y medidas políticas tendientes a garantizar las elecciones de cargos del partido y cargos públicos, la decisión de contenido y la rendición de cuentas, que todos y cada uno de nosotros debemos de acatar.
Luego de estas reflexiones, quizá resulte más fácil entender el documento por el que atraviesa hoy en día el PRD, el partido que sigue contando con el apoyo de las clases populares del pueblo de México, enfrenta de nueva cuenta esa incurable enfermedad que ha padecido, que no es otra que la división partidaria.
El PRD debe de rediseñarse, debe de ir cuesta arriba dándole entrada a los jóvenes, la nueva generación llamada “milennials”, pues se deben realizar cambios modernizadores para así desplazar a estos viejos robles del PRD causantes de algún modo de las permanentes divisiones.
La serenidad para enfrentar los nuevos desafíos, la integración para lograr la fuerza, las reglas claras y coherentes para evitar en lo posible el padecimiento de la división partidaria. Esto es lo que nos merecemos los perredistas que sufrimos cuando vemos a nuestros líderes devorarse entre sí, antes de luchar unidos por nosotros.
El partido del sol azteca debe tener una nueva transformación, a fin de seducir a los “milennials” hacia una socialismo democrático convocando a una revolución política y moral en donde el tema moral debe ser tocado desde el punto de vista económico y político, ya que no puede seguir existiendo esa terrible desigualdad entre pobres y ricos, y a los “milennials” necesitamos prepararlos para que se hagan cargo del nuevo gobierno.
Está en nosotros que el partido tenga una evolución de las nuevas políticas, el sostener una democracia saludable que asegure que la voz política de esta nueva generación no se desvanezca detrás de las pantallas táctiles de un celular o una ‘tablet’.
Las redes sociales deben ser ahora el nuevo campo de acción, un espacio desarrollado por estos jóvenes que ven en un mundo sin fronteras, la configuración de una nueva estructura, los “milennials” han nacido y crecido inmersos en tiempos donde la revolución tecnológica ha generado su mejor y más sobresaliente utilidad: el acceso masivo y casero a la informática.
El discurso antisistema es simplemente un populismo más, al cual, debemos darle otra alternativa. Como ejemplo, la digitalización masiva de todo en donde tendrá cabida esta nueva generación para poder empezar a fijar reglas y patrones que regulen al nuevo sistema o como quiera usted llamarle, y de entrada se emita una nueva cultura sobre la honestidad, socialmente responsables y teniendo como base principal la transparencia.