La reconciliación urgente

México /

Lo que resulta más llamativo es el “no” del gobierno español. No es tan rara una solicitud de disculpa como la expresada por Andrés Manuel López Obrador ante las violaciones a los derechos humanos en la Conquista. A estas alturas es casi una moda.

Tampoco es nuevo para España “juzgar el pasado a la luz de consideraciones contemporáneas”. Hace cuatro años, por ejemplo, abrió las puertas para obtener la nacionalidad española a los descendientes de sefardíes que, en el siglo XV, tuvieron que abandonar su tierra por ser judíos o por ser conversos sospechosos. (Por cierto, esa invitación ha sido acogida con furor en Monterrey y en particular en su municipio más rico, San Pedro Garza García).

La respuesta de la Iglesia católica al llamado de López Obrador fue mucho más clara. Llegas tarde hijo mío, le contestaron con palabras más diplomáticas: “Como es sabido, el Santo Padre ya se ha expresado con claridad sobre esta cuestión”.

Sí. El 9 de julio de 2015, durante el II Encuentro Mundial de Movimientos Populares, en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, el papa Francisco abrió un paréntesis en su discurso: “Les digo con pesar, se han cometido muchos y graves pecados contra los pueblos originarios de América en nombre de Dios. Lo han reconocido mis antecesores, lo ha dicho el Celam y también quiero decirlo... pido humildemente perdón no solo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”.

Y pedía a creyentes y no creyentes que se acordaran de los miembros de la Iglesia que predicaron “con coraje, mansedumbre, respeto y en paz”.

El papa veía necesario todo esto en el contexto de una tarea urgente de reconciliación, porque “la paz se funda no solo en el respeto de los derechos del hombre, sino también en los derechos de los pueblos, particularmente el derecho a la independencia”.

En la misma línea de su gobierno, el ministro español de Exteriores, Josep Burrell, desde Buenos Aires, le metió más brío: “Obviamente España no va a presentar esas extemporáneas disculpas”. Le pareció “un poco raro que en este momento se plantee pedir disculpas por acontecimientos ocurridos hace 500 años”.

Ha pasado mucho tiempo, es cierto. Lo que creo que no se quieren dar cuenta es que con aquellas lejanas acciones de conquista acabaron fundando una nación. Y que 500 años después esa nación necesita reconciliarse consigo misma, con su pasado y con sus orígenes, así en plural.

Los desiguales orígenes de un pueblo como el mexicano han sido tema de estudio y discusión durante más de un siglo, cuando la pregunta por sus persistentes fracturas la han llevado a buscar así de hondo, así de lejos.

Es cierto, desde el interior del México presente hace falta un gran esfuerzo por mejorar la condición de “tantos millones de indios marginados, pobres, ignorantes, explotados”. Es en lo único que tiene razón Vargas Llosa.

Pero López Obrador no confundió destinatario con remitente en su carta. En todo caso equivocó el lenguaje, y hay que ver si es un error: cualquier político sabe a quién le habla, a su gente. Cualquier político sabe que otros políticos saben a quién le hablan, a su gente.

Solo hay que asomarse. Aquí urge reconciliación.

luis.petersen@milenio.com

  • Luis Petersen Farah
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