“El futuro ya no es lo que era”
Paul Valéry, 1948
M+.- Es un reto complejo comprender la revisión del Tratado Comercial México-Estados Unidos-Canadá. Y es que ésta se encuentra justamente en el epicentro de una reconfiguración mundial del comercio, en medio de un cambio de paradigma acelerado, y de frente al inicio de un régimen comercial antagónico al libre comercio que vivimos las últimas décadas.
Sería ocioso tratar de entender el futuro del T-MEC, si no se concibe que el mayor comprador global (Estados Unidos compra uno de cada 7 dólares que exporta el mundo) ha decidido unilateralmente cambiar las reglas del juego del comercio internacional e imponer aranceles a todos los países por razones políticas y económicas de primer orden. En lo político, el ascenso de China se constituye como una amenaza a la seguridad nacional y la supremacía estadunidense, y como un detonante del nuevo orden geopolítico mundial. En lo económico, EU requería por encima de todo reducir su elevado déficit fiscal, recuperar su fortaleza industrial, y reducir sus dependencias del exterior y su déficit comercial por razones de seguridad económica y resiliencia.
Este giro “copernicano”, esta reestructuración comercial global, tiene sus inicios en 2018 cuando Estados Unidos impone aranceles muy elevados a China, su principal socio comercial en ese momento. Desde entonces, las exportaciones chinas a EU se han reducido dramáticamente en más de 230 mil millones de dólares, es decir en solo ocho años las exportaciones chinas a EU se han reducido 45 por ciento. Para dimensionar la cifra: México exportó 535 mil millones de dólares en 2025 a EU.
El segundo periodo del presidente Trump, ya en 2024, inicia con el objetivo comercial claro y contundente de reducir el déficit comercial de EU con el mundo a través de la imposición de aranceles a todos los países. Lo anterior, sin importar alianzas políticas históricas como con el Reino Unido y Europa, intereses militares estratégicos como con Japón, o tratados comerciales como con México, Canadá, Australia o Israel. La tesis central, atribuida al exsecretario de Comercio de EU, Robert Lighthizer, es dividir al mundo en anillos arancelarios. En donde el anillo más alejado, con más elevado arancel, es aquel con mayor contenido asiático; y el anillo más cercano a los EU, con menores aranceles, es aquel con mayor integración económica con EU.
Ese es el contexto en el que se enmarca la revisión del T-MEC. Sería absurdo ignorarlo. Teniendo claridad de la determinación de EU por iniciar un nuevo modelo comercial, y en la protección de su soberanía, México se ha concentrado en desarrollar una agenda que le permita proteger los pilares de su Tratado Comercial con Norteamérica, que impulse el desarrollo industrial nacional y regional a través de las acciones del Plan México, que reemplace una buena proporción de lo que hoy importamos de otras regiones con producción en nuestro país, y en mantener un diálogo constante y presencia permanente en los EU para poder tomar decisiones inmediatas.
Hoy, cuando EU ha desconocido sus otros 13 tratados comerciales con la aplicación generalizada de aranceles a las exportaciones, México tiene T-MEC por al menos otros 10 años, tiene uno de los aranceles promedio más bajos del mundo, y 85 por ciento de lo que está exportando cruza a los EU sin pagar un solo dólar de arancel. Pero quizás lo más importante: de acuerdo con el análisis del Financial Times del 24 de julio, México es el país con mayor ventaja arancelaria relativa (8 por ciento) con respecto al resto del mundo, incluso por encima de Canadá (4 por ciento). Esto se explica porque el arancel promedio que paga por todas sus exportaciones en promedio está en menos de 4 por ciento mientras que el resto de los países competidores están por arriba del 10 por ciento, con casos extraordinarios como China, Vietnam o Brasil que estarán por encima de 20 por ciento. En la era del libre comercio, la ventaja relativa de México para la gran mayoría de su comercio no superaba 2.5 por ciento.
En el nuevo escenario de reestructura comercial global, el objetivo más importante en la negociación del T-MEC es y seguirá siendo mantener la ventaja arancelaria relativa con la que hoy cuenta México. Esa ventaja será determinante en el futuro inmediato para el impulso de nuestro comercio, la generación de inversiones que detonen el crecimiento económico de nuestro país, y por supuesto lo más importante, la creación de más y mejores empleos para los mexicanos.