Son dos problemas

  • Vida cotidiana
  • Luis Walter Juárez

Laguna /

En los últimos meses se han observado dos problemas que deben de preocupar, ya que por un lado muchos menores de edad manejando motocicletas, haciendo acrobacias y a exceso de velocidad, mientras que por el otro, también se pueden ver a varios muchachillos participar en riñas en lo que se puede decir que son de pandillas. 

Es preocupante que muchos padres de familia avalen que sus hijos conduzcan eso frágiles vehículos de dos ruedas, sin pensar en las consecuencias que esas acciones pueden traer. 

No cabe duda que es una realidad lo que se vive tanto en la zona metropolitana, en los municipios de La Laguna tanto de Durango como de Coahuila y no se diga en las comunidades rurales en donde no hay vigilancia, como se presentan accidentes en los cuales participan menores y muchos de los cuales son de fatales consecuencias. 

El pasado domingo una menor de 9 años fue detenida a bordo de una motocicleta o cuatrimoto, que para el caso es lo mismo y es que conducía como si se sintiera que a ella no le pasaría nada. 

Los elementos de seguridad aplicaron el reglamento y la verdad que quizá la niña no tenga la culpa, mientras que los padres inconscientes deberían de ser castigados por poner en riesgo la vida de su hija. 

Algo deben de hacer las autoridades, de aplicar penas severas a los papás que dejan que sus hijos arriesguen sus vidas en motocicletas y que muchos de ellos las manejan sin portar el casco que les puede salvar la vida. 

Pero también a quienes infringen el reglamento de Tránsito y Vialidad, sin importar que todavía no cumplan la mayoría de edad, deben de ser sancionados con trabajos comunitarios, para que entiendan que no pueden arriesgar sus vidas y las de los demás. 

Por otra parte, los pleitos entre jóvenes siguen en aumento y en muchas ocasiones resultan con graves lesiones producto de alguna pedrada, por lo que tienen que ser hospitalizados y tras recibir atención médica pierden la vida. 

Muchos de estos pleitos callejeros son grabados por los vecinos y los padres de los menores ni se acuerdan de ellos. 

Pero ya cuando les avisan que resultaron heridos en esas trifulcas, buscan culpables y gritan a los cuatro vientos que sus hijos son incapaces de participar en las grescas, es cuando vienen los llantos de los progenitores y demás familiares, muchos de ellos reconocer que el joven andaba mal, de inmediato empiezan a lanzar culpas, principalmente a las autoridades policiacas. 

Ojalá que tenga mano dura contra estos infractores y dejen de pelear, provocarse heridas y dañar vehículos y viviendas en sus enfrentamientos.


Walter.juarez@milenio.com

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