Después de meses en que el virus del covid-19 lo teníamos en nuestras casas, en las de los vecinos, familiares, amigos, compadres, ahora parece que su intensidad ha empezado a bajar a su mínima expresión.
En un principio lo teníamos tan cerca, que el miedo se empezó a apoderar de muchas familias laguneras, se empezó a tener el miedo de contagios masivos en los hogares, por lo cual muchos empezaron a tomar medicamentos hasta sin recetas médicas, simplemente porque escuchaban que esas pastillas ayudarían a que el coronavirus no pegara tan fuerte.
Ahora, por extrañas razones que en lo personal todavía no puedo entender, los contagios han descendido notablemente, a tal grado que en Torreón en un día solamente se presentaron dos casos y viendo bien las cosas, han bajado sin que se apliquen las vacunas no solamente a las personas de la tercera edad en algunos municipios, sino a todos los coahuilenses en general.
Aquellos días en que los médicos arriesgaban sus vidas para salvar las de otros, parece que han empezado a quedar en el olvido, ya que la ocupación hospitalaria en estos momentos es menor al 10 por ciento.
Ahora, se ven lejos aquellos momentos de incertidumbre, de no saber qué pasaría en los próximos años, si habría vacuna contra el covid-19, si alguien le podría poner un alto a los contagios.
Algo pasó, se han parado, han bajado, lo mismo que los decesos, además, ahora se tiene la esperanza de las vacunas, las cuales están llegando a paso de tortuga, pero están llegando y principalmente para quienes tienen arriba de 60 años, así como para el personal médico, esperando que con la aplicación de las mismas, las muertes de aquellas personas de la tercera edad, que fueron las más castigadas por el coronavirus, ya no se presenten.
Pero siempre hay un prietito en el arroz y ese está apareciendo por todos lados, ya que muchos, pero muchísimos laguneros han bajado la guardia, sienten que ya se derrotó a la pandemia y por ello volvieron a las andadas, volvieron con reuniones masivas, volvieron a salir como si en el ambiente no estuviera presente el maligno virus, sin importar arriesgarse a un contagio y contagiar a los demás.
El covid-19 lo tuvimos tan cerca y ahora lo vemos tan lejos.
walter.juarez@milenio.com