AMLO: romper las universidades

Ciudad de México /
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El presidente Andrés Manuel López Obrador quiere terminar su sexenio habiendo cambiado, modificado, desactivado o sustituido todo lo que existió antes que él como mandatario. Lo mismo canceló el aeropuerto impulsado por Enrique Peña Nieto, que modificó la ley federal de educación, o terminó con todos y cada uno de los fideicomisos.

En ese mismo sentido dio un giro a la manera en que se trabaja en la Comisión Nacional de Derechos Humanos; prácticamente mató a la agencia Notimex; desarticuló el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt); y modificará sustancialmente el actual sistema de generación eléctrica en el país.

Lo suyo es el cambio. Así como lo digo: cambio. Puede ser para mejorar (asumo que esa es su intención); o puede ser simplemente para que nada quede igual que cuando él llegó al poder. Su mensaje es que nada sea parte del pasado neoliberal debe quedar intacto. Nada. Y ese será su legado. Cuando en unos años el presidente mire hacia atrás, quedará satisfecho de haber removido, agitado o desarmado lo que dejaron sus predecesores. Del 2024 en adelante, todo será diferente.

Por ello a nadie debe extrañar que el presidente Andrés Manuel López Obrador la haya emprendido contra Raúl Padilla, ex rector de la UdeG; y contra la UNAM. Entiendo que la lógica del tabasqueño es la siguiente: si todo va a cambiar, también deben hacerlo las universidades públicas.

Por eso, insisto, los embates contra las universidades. Ya le pegó a la universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) y logró que metieran a la cárcel al otrora hombre fuerte de esa casa de estudios. Y su siguiente meta es la UNAM y la UdeG. Seguramente López Obrador pondría a un rector más a su modo; pero lo más probable es que el actuar del presidente sea para alentar a todos los disconformes con la manera en que se trabaja en las universidades citadas. Si AMLO no pone a los rectores (o a los mandamases), bien podría presumir que él logró que quitaran a los de hoy.

Ésa es —a mi juicio— la lógica de López Obrador: minar lo establecido. Y si con eso logra romper lo que existe y no le gusta, quedará satisfecho.

Manuel Baeza

twitter: @baezamanuel


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