Protocolos

Ciudad de México /

Mi carrera como periodista me ha permitido ver muchas manifestaciones en mi vida. Algunas las he experimentado en vivo; otras las he visto por televisión, ya sea de México o del extranjero. Por lo mismo, he sido testigo también de diferentes maneras de actuar de la policía, también a veces correctas, y otras no.

Las que me han llamado la atención son protestas en Estados Unidos. Hay casos terribles como el del afroamericano Floyd, asesinado por el brutal trato de un policía que lo arrestó. Pero también he visto actuaciones policiales muy ordenadas, claras y, sobre todo, proactivas.

En esos casos los agentes policiacos delimitan con absoluta claridad los límites que no se pueden pasar. Una calle, los alrededores de un edificio, o un sitio emblemático. Se colocan vallas, cintas y agentes, y se les hace saber a los manifestantes qué zonas son de libre tránsito, y cuáles no. Así, por ejemplo, un jefe policiaco sale al frente de sus agentes con un altavoz para explicar a los manifestantes que por aquella razón, o por esta, no se pueden violar los límites. Y se justifica mencionando reglamentos, leyes u ordenanzas. Y se especifica también que cualquier persona que viole esa disposición, será arrestada y llevada ante la autoridad.

Cuando ocurre eso, son los manifestantes los que deciden si quieren o no enfrentar a la policía. La mayoría de las veces dichos límites se respetan. Pero también he sido testigo de cómo personas, de manera organizada y consciente deciden romper lo dispuesto por la autoridad y traspasar los límites para ser arrestados, casi siempre de manera pacífica. Vamos, en esos casos ser llevado ante un juez es considerado una especie de trofeo de guerra. Hasta la foto del arresto presumen.

Que ocurra algo así en México no me consta. Manifestar y encontrarse con la policía supone una batalla salvaje en automático, un enfrentamiento sin reglas. Ambos bandos crean tensión hasta que alguien lanza una botella, o jala un escudo, para que se desencadene un infierno de persecuciones, golpes y vejaciones entre las partes, aunque siempre con la ley a favor de los uniformados.

Jalisco ha sido un estado con relativa tranquilidad en sus manifestaciones. Urge que aquí los protocolos sean claros, sensatos, y que se cumplan.


Twitter: @baezamanuel

  • Manuel Baeza
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