El desgaste de la mañanera

  • Punto de Encuentro
  • Marco Antonio Rodríguez Blásquez

Estado de México /
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A lo largo de la historia, prácticamente todos los gobiernos han utilizado la comunicación, propaganda y medios culturales capaces de transmitir a la sociedad una imagen favorable de sus acciones. Ejemplos sobran, desde Goebbels, que hizo del cine y la radio instrumentos fundamentales de la propaganda nazi, que lograron impulsar la participación de la sociedad alemana durante la segunda guerra mundial, principalmente de las juventudes.

Franklin D. Roosevelt, durante el New Deal, utilizó la radio de manera eficaz, logrando el acercamiento del presidente con los estadounidenses, transmitiéndoles confianza en momentos de crisis. Fidel Castro hizo de la comunicación política una parte importante de su gobierno con sus largas intervenciones televisivas y discursos que funcionaron como un mecanismo con el pueblo y posicionaron la revolución. Con Barack Obama fue una etapa diferente, utilizando el internet y las redes sociales para construir una comunicación política más directa, especialmente durante sus campañas.

En la mañanera, López Obrador encontró uno de los instrumentos de comunicación política más eficaces de las últimas décadas, donde no solamente informaba; confrontaba, respondía, marcaba los temas que dominarían la conversación pública, y sobre todo establecía una comunicación directa con sectores importantes de la población, donde su capacidad para conectar con la gente fueron parte esencial de ese éxito.

En cambio hoy, con la presidenta Sheinbaum, que conserva una aprobación de 69% según datos de una encuesta reciente, ha perdido 10 puntos en un año -su partido, Morena, también ha retrocedido en la intención de voto-, públicamente ha reconocido que mantiene la mañanera como vía de comunicación directa y de réplica frente a los medios, con lo que  se  corre el riesgo de utilizarla principalmente para administrar crisis y estar produciendo un efecto contrario, que en lugar de fortalecer al gobierno lo exponga diariamente a los problemas, lo que puede terminar desgastándolo.

El problema es que la herramienta puede ser la misma, pero el comunicador no. La narrativa y la capacidad de convertir cada conflicto en una causa política eran parte fundamental del expresidente, y ahora el contexto es mucho más adverso, con problemas como la inseguridad, la economía, conflictos internos de Morena, y especialmente la presión de Estados Unidos. El segundo informe llegó precisamente en un momento marcado por esas tensiones.

El problema no necesariamente es la presidenta, sino el formato. Con AMLO había una expectativa de lo que iba  a decir, a quién iba a confrontar y cuál sería el tema del día; con Sheinbaum, después de dos años puede comenzar a percibirse como un espacio cotidiano y previsible.

La pregunta, entonces, no es si la mañera debe desaparecer, sino más bien la pregunta debería ser si sigue siendo el mejor instrumento para posicionar a la presidenta. En política cambiar de vehículo puede ser tan importante como saber conducirlo.


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