En la ciudad de Toluca se inaugurará una nueva sede del Partido del Trabajo, evento que, separándolo de lo simbólico, representa un punto de quiebre en la forma precaria en que este partido operó durante más de dos décadas, tiempo en el que transitó por distintas sedes e incluso en una de ellas se dio un desalojo por la incapacidad para cubrir el arrendamiento, lo que reflejaba una estructura financiera sumamente limitada.
Ahora el escenario ha cambiado diametralmente, al contar el PT con un edificio propio que albergará a diputados federales, diputados locales, presidentes municipales y militantes, con lo que se envía un mensaje de consolidación institucional, dejando atrás la improvisación de como se venía operando.
Este avance no puede entenderse sin analizar el contexto interno; la nueva sede es resultado de un cambio de fondo en la conducción del partido en el Estado, cambio que ha sido impulsado desde el Comité Ejecutivo Nacional a través del nombramiento de un Comisionado Nacional, el Diputado Federal Reginaldo Sandoval, cuyo responsabilidad es la reorganización territorial y definición de las reglas internas del partido, cuyas divisiones en el interior propiciaron la falta de crecimiento en sus afiliaciones.
Por cierto, el trabajo del Comisionado Nacional, quien mostró capacidad política para operar el apoyo de la fracción parlamentaria de su partido en la aprobación del “Plan B” electoral, antecedente que al trasladarlo al Estado de México, con las medidas territoriales que se están impulsando, augura que el PT arribe al proceso electoral de 2027 preparado y organizado.
Entre las medidas más significativas está la apertura a la militancia a competir por cargos de elección popular, bajo un esquema de seleccionar a los más posicionados, y no como ocurrió durante más de dos décadas, en donde los candidatos eran elegidos por la conveniencia de un liderazgo, aun sin contar con competitividad electoral.
Este reacomodo interno cobra mayor significado ante las fricciones en Morena, cuyas tensiones a nivel nacional se han acrecentado por las luchas internas que ya tienen un reflejo en el Estado de México, por lo que el PT, además de ser un aliado leal, podrá convertirse en un factor de equilibrio en la operación política del próximo proceso electoral.
Siempre que alguien se cambia de casa uno espera que marque el inicio de una nueva etapa de mejoramiento. En el caso del PT esta transición tendría que significar algo más profundo, en donde en esta nueva etapa los liderazgos regionales asuman el compromiso de construir unidad no solo en el discurso, sino en los hechos, dejando atrás las disputas internas que lo han fracturado y que se conduzcan con responsabilidad como lo marcan sus estatutos, canalizando sus esfuerzos en la construcción de una ruta común, así como priorizando los intereses del partido sobre los personales o de grupo.