Reflexiones sobre la CNTE

  • Punto de Encuentro
  • Marco Antonio Rodríguez Blásquez

Estado de México /

La CNTE, Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, no surgió de manera casual, fue producto de una estrategia de los gobiernos priistas, cuya creación se remonta a finales de los años setenta como una estrategia de contención a fin de debilitar el poder político y sindical que había acumulado el SNTE, Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.

Sin embargo, lo que en un principio se concibió como una organización que sirviera como contrapeso al liderazgo sindical dominante, a través del control y manipulación que ejerciera el gobierno sobre la recién creada organización, al paso del tiempo se transformó en una organización con capacidad de movilización nacional.

Encontró espacios para crecer con una agenda propia, que a través de la presión y chantaje político ha puesto en jaque a distintas administraciones federales y estatales. El Estado terminó chocando con lo que en principio pensó seria su aliado incondicional, contribuyendo a darle vida a su propio Frankestein.

Por ello y a fin de entender el conflicto actual, hay que remontarse a los orígenes de esta organización heterogénea en la que convergen distintas corrientes ideológicas y grupos de interés, en la que sus demandas educativas quedan subordinadas a objetivos políticos y económicos que en su mayoría no tienen que ver con la mejora educativa.

La CNTE ha convertido el bloqueo de infraestructura estratégica como carreteras, aeropuertos, vías ferroviarias, casetas de peaje, y sus plantones en el zócalo, -medidas que provocan cuantiosas pérdidas económicas, afectando a millones de ciudadanos, trabajadores, comercios y empresas-, en uno de sus principales instrumentos de presión política y económica.

Si bien el derecho a manifestarse es un pilar de la democracia, las prácticas empleadas por esta organización dejan de ser una expresión de inconformidad y se convierte en un factor de afectación social y económica para el país, como aquel evento en el estado de Michoacán que tuvo una larga duración durante la administración de Peña Nieto, cuando decenas de trenes quedaron inmovilizados, lo que generó grandes pérdidas para la industria automotriz, acerera y petroquímica, estimada por organismos empresariales en miles de millones de pesos.

En el actual contexto, México presenta enormes riesgos a diferencia de otros momentos, al estar a días de la celebración de la Copa Mundial de Futbol y estar bajo el escrutinio de medios internacionales, gobiernos extranjeros, inversionistas y la FIFA.

Lamentablemente ante la incapacidad de operadores políticos que no lograron diseñar una estrategia de contención desde las entidades federativas con mayor presencia de la organización, permitiendo que el conflicto escalara para convertirse en un problema nacional, este gobierno seguramente tendrá que ceder ante las irracionales y chantajistas demandas de esta organización.


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