En momentos como el que actualmente vive el país, la unidad nacional debe estar por encima de diferencias ideológicas partidistas o personales. Es válido cuestionar las decisiones de este gobierno, evidenciar sus errores y exigir resultados, pero muy distinto es estimular y alentar expresiones que ofenden a México y lo ridiculizan en el extranjero.
Emprender una intervención como pretende Trump para combatir el narcotráfico e incluso solicitar la detención precautoria de un Gobernador, es un tema que ha desatado un profundo debate en el terreno de la cooperación y colaboración entre ambos países. Cruzó la línea lo acontecido en una reunión con periodistas en donde, utilizando el agravio y la burla personal como medida de presión, Trump arremedó a la Presidenta Sheinbaum, lo que provocó la risa de los asistentes.
Lo primero admite discusión, las críticas al gobierno y el debate democrático son legítimos, lo segundo trastoca el respeto entre ambos países, vulnerándose la relación bilateral, en donde el agravio deja de ser individual y toca la investidura presidencial que representa a millones de mexicanos.
Lo anterior no representa una defensa de Sheinbaum ni del partido Morena, más bien constituye un llamado a la unidad y solidaridad de los mexicanos, porque respaldar a Sheinbaum es apoyar al país.
Decisiones cuestionables de este gobierno como la polémica desatada en torno al Tren Maya, el desabasto de medicamentos y entre otros desaciertos, y en otro terreno la división y pugnas por el poder al interior Morena y los señalamientos de corrupción de varios de sus liderazgos más representativos, han contribuido al desgaste de este gobierno, pero no deberían ser motivo para regatear la unidad en torno a la Presidenta en momentos que el país enfrenta fuertes presiones externas.
Ante este escenario se han alzado distintas voces, principalmente de dirigentes de partidos políticos, cuyas expresiones no constituyen el sentir de la totalidad de los militantes de sus respectivas organizaciones políticas como el caso de los líderes del PRI y del PAN. Habría que cuestionarse con que calidad moral emiten sus juicios, cuando algunos de ellos arrastran antecedentes de corrupción, y aún así han optado por exhibir los errores de este gobierno en escenarios internacionales, en momentos en que México enfrenta descalificaciones internas y externas que deberían llamar a la unidad nacional.
Lo que está en juego no es únicamente el fracaso de un gobierno, ni el destino político de Morena, que ha sido señalado como narcopartido, sino la estabilidad económica y política del país.