Una cacofonía ensordecedora en clave de sol / y II

  • A la intemperie
  • Marco Provencio

México /

"Proceso histórico... tabla de salvamento para la República... acontecimiento democrático sin precedentes... espejo en que se mire la nación...". Para el Asambleísta Constituyente don Porfirio Muñoz Ledo, nunca afecto a la mesura ni en sus palabras o sus actos, la partitura que presentó el jefe de Gobierno como borrador de Constitución para la Ciudad es todo eso y más, una sinfonía majestuosa como nadie ha escuchado jamás.

En realidad, se trata de una cacofonía inaudita que ha generado tanto en melómanos consumados como en villamelones de ocasión un rechazo generalizado a lo largo de todo el espectro musical. Sin importar la afición de unos u otros por distintos géneros, la armonía de coincidencias es notable.

"Nos llevará al abismo... pone en riesgo la seguridad nacional... hay que tirarla a la basura... hay que impedir la tragedia... busca la consolidación autoritaria de la capital", son algunas de las múltiples expresiones que han logrado hacerse escuchar por encima de la ensordecedora propuesta. Si hubiera que tomarla en serio, nos convertiría en un hazmerreír de los expertos en la materia, fuera que supiesen de estos ritmos tropicales en clave de sol o no. Pero la propuesta está a discusión, aunque el encadenamiento de ocurrencias llegue a tal grado que los músicos que a duras penas la interpretan, pero defienden en el camino, hayan debido rechazar un estudio mínimo de factibilidad financiera: ¿cuál sería el impacto presupuestal de cuando menos una parte del torrente de derechos que a lo largo de 30 páginas se nos muestran a los capitalinos como si fueran un oasis en el desierto? Porque no ha de ser sencillo garantizar el sexo seguro o la plenitud sexual, como tampoco el derecho a la ciencia o a la memoria, por señalar algunos.

La orquesta de Ciudad de México cuenta con algunos músicos de merecido buen cartel. En la Secretaría de Gobierno o en la Consejería Jurídica, en alguna otra oficina, hay prestigiados solistas que probablemente nunca asistieron a los ensayos a los que convocaba el dúo conductor. El afecto a las palabras, nunca malo por sí solo, se convierte en mecanismo de engaño e insatisfacción cuando no guarda relación alguna con la realidad. Por ello, si el arte de conducir consiste en saber "cuándo dejar de hacerlo para permitir que la orquesta toque a sus anchas"... escuchando la defensa que hacen de la locura cacofónica sus dos principales compositores, don Porfirio y el otrora confiable Juan Ramón de la Fuente, se constata que nunca hubo director que compaginara lo aspiracional de la obra con lo que a diario muestra el espejo de nuestra realidad en el mundo de hoy.

mp@proa.structura.com.mx

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