Apropiar la marca

  • Columna de Marco Sifuentes
  • Marco Sifuentes

Ciudad de México /

Esta es la antepenúltima de una serie de entregas en las que he pretendido desglosar los que a mi entender son los factores, etapas, herramientas y productos necesarios para llevar a cabo una campaña política exitosa y van dese el candidato y la estrategia hasta la victoria.

Pues bien, nos toca referirnos a lo que los gringos llaman lovemark y que consiste en el apropiamiento por parte del consumidor de una marca, hasta volverse fiel a esta, lo cual sucede por supuesto también en las campañas respecto al o la candidata y su partido o coalición.

Este nivel de fidelización se logra principalmente por afinidad, identificación, costumbre y, especialmente, por el sentimiento que es capaz de despertar.

Ejemplos comerciales los encontramos en marcas como Apple, Starbooks, Amazon, Harley Davidson y otras que no consideran a sus clientes solo como eso sino como parte de una familia o tribu extendida al rededor del mundo.

Pocos políticos podrían aspirar a tanto y tal vez el mejor ejemplo sean Obama, Merkel, Macron y Trudeau; mientras que del lado oscuro de la fuerza los mejores representantes serían Trump y Putin; todos estos capaces de captar fans por todo el planeta gracias a su personal estilo de hacer campañas, gobernar y liderar la opinión pública del mundo mundial.

En México el mejor exponente sería, sin duda, “Ya Sabes Quién”, cuyos frenéticos e incondicionales seguidores lo acompañan a ciegas, haga lo que haga y diga lo que diga.

Otro ejemplo lo fue en su momento Enrique Peña Nieto, que no llegó representando ninguna causa ni con más propuesta que la de su imagen personal, que logró cautivar al electorado, ahora sí que nomás por su linda cara, aunque a la primera oportunidad decepcionó con su mal desempeño, frivolidad y corrupción.

Estos fenómenos y liderazgos, algunos emergentes y otros eternos, comprueban claramente que los grandes públicos responden más a las emociones que a las ideas y son capaces de conquistarlos y hacerlos volcarse en masa y rendirse a sus pies o, mejor aún, a sus encantos.

No quiere decir que todos ellos sean producto de la manipulación y el populismo; incluso algunos de ellos son ejemplos de grandes estadistas; lo que sí es que todos ellos basan su éxito en la autenticidad. Así son y así los amas o los odias.

Más allá de sus adeptos naturales, estos animales políticos son capaces de lograr tal nivel de percepción, que arrasan como tsunami y terminan conquistando la voluntad de la mayoría solo por la necesidad de ser parte de ella.

He dicho una y otra vez que más poderoso incentivo que el deber ser y el beneficio personal es esa necesidad de ser parte de algo más grande y qué mejor si se perfila como ganador indiscutible. Esta es la mejor manera de ganar campañas hasta el día de hoy.

Ricardo Anaya, Josefina Vázquez Mota, Margarita Zavala y Hillary Clinton son la antítesis del lovemark; dudo que sean capaces de enamorar a sus parejas sentimentales y sospecho que la razón de su eterno fracaso es la falta de autenticidad y que sus campañas no representan nada que inspire, motive y haga que el electorado se corte las venas por ellos. Más se puede esperar de cualquier personaje de telenovela mexicana, por mala que sea, pues suelen estar mejor actuadas que los personajes que estos candidatos pretenden representar. 


ceo@mkf.mx

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