De encuestados y encuerdados

  • Columna de Marco Sifuentes
  • Marco Sifuentes

Jalisco /

Una de las encuestadoras más acertadas de México, acaba de difundir un sondeo sobre el nivel de aprobación del que gozan los distintos gobernadores del país.

En el primer bloque, donde aparecen los mejor evaluados, están a la cabeza el panista de Yucatán y los priistas de Sonora y Sinaloa; después, los panistas de Guanajuato y Durango; el morenista de Tabasco; otro panista, el de Tamaulipas y, finalmente, entre los morenistas de Ciudad de México y Chiapas, se cuela el priista de Colima, aquél que se robó la elección hace cinco años y cuando lo cacharon tuvo que volver a competir y ganarla en mejores términos ante un candidato panista desacreditado por sus jocosas conversaciones telefónicas y por no apegarse a la estrategia que le había dado buenos resultados en su primer participación. Pero “ésa es otra historia”, diría la Nana Goya.

El segundo bloque, el de los medianos, evaluados así por sus votantes, lo encabezan el jalisciense Alfaro, de Movimiento Ciudadano y el chihuahuense Corral, por el PAN, que, paradójicamente, llegaron con altas expectativas y se desdibujaron desde su arranque; son personajes con marca propia más allá de sus partidos y con trascendencia nacional, pero no dan una, especialmente en materia de seguridad; ni se muestran cercanos y empáticos, ni caen bien, para acabar pronto.

El siguiente bloque, digamos, de los malitos, lo encabezan Veracruz, con Morena y Baja Sur que entró con el PAN.

En el último bloque están los muy malos, empezando con Oaxaca y Guerrero del PRI; Quintana Roo del PAN-PRD pero con ADN priista; el independiente Bronco y los panistas de Puebla y Baja California, que ya también se van y dejan su silla a un morenista, sólo superados en su mala evaluación por el perredista Silvano Aureoles en Michoacán, el peor de los gobernadores según sus electores (verso sin esfuerzo).

El aprendizaje que dejan estas encuestas es como, en la mayoría de los casos, las altas expectativas con las que ganaron estos señores no corresponde a su desempeño como gobernantes, independientemente del partido que los haya postulado.

Pareciera también que mientras más famosos, más odiosos (otro verso y con menos esfuerzo) para el respetable público.

La conclusión (ésta sí a mi cuenta) es que estos cuates, o no saben gobernar o no saben comunicar, o las dos cosas. Y lo peor y más probable es que de esa lista saldrá el próximo presidente de México. Dios nos ampare. (Ya no te ensañes, Señor).

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