El otro bicho

  • Columna de Marco Sifuentes
  • Marco Sifuentes

Jalisco /

“Muchas bocas que hablan y pocas cabezas que piensan”: Víctor Hugo

Vaya vigencia la de Víctor Hugo y “Los Miserables”, hoy que acudimos a esta doble batalla, por un lado, en contra del bicho proveniente de China, y por el otro, ante la falta de juicio y la estupidez que se disemina a mayor velocidad que el propio Covid-19 infectando las redes sociales en México.

El primero se alimenta del segundo y se fortalece a pesar de nuestro sistema de defensa, que le opone todo tipo de resistencia aun cuando nunca se le había enfrentado.

El segundo, que se alimenta de la peor parte de la naturaleza humana, esa que transforma el miedo en evasión, en lugar de alertarle éste sobre el peligro.

Esa que se consuela y evade inventando sus propios mitos y creencias, acomodando la realidad a su conveniencia o a lo que erróneamente asume como tal.

Esa naturaleza humana que jura y perjura “a mí no me va a pasar”; que ante lo evidente e inminente entierra la cabeza en el lodo de la ignorancia, dejando al descubierto el resto de su miserable existencia.

Esa que se da el lujo de largarse de vacaciones a la playa, de hacer como si nada ocurriera y todavía se atreve a presumir su insensatez.

Esa que dice que apoya a su presidente porque lo ve de aquí para allá besuqueando criaturas y lisonjeando a la madre de quien seguro le ha costado a México, y a buena parte del mundo más muertes y dolor que hasta ahorita la peste.

Esa naturaleza humana desenfadada y ramplona, que lo mismo se mea en el Arco del Triunfo, que se atreve a decir que esto, que a unos mata y a otros hunde en el más profundo dolor, desolación y desesperanza, le cae “como anillo al dedo” para consolidar su irrelevante y despreciable monkey business, al que suele llamar “transformación”.

Naturaleza pueril y despistada que no se atreve a pensar por sí misma, ni siquiera a poner en duda o sospechar al menos, de la más mínima parte de las mentiras y absurdos que a diario y a muy temprana hora le recetan por los oídos, también como anillo al dedo, cual cálido supositorio eficazmente suministrado.

Nos enfrentamos, pues, al otro bicho, el más peligroso y grosero, inevitable, insoslayable, representado por cuantos hoy fervorosos aplauden aquello que les encanta escuchar y que mañana habrá de dejarlos en el desamparo.

Aunque no todos callan y aclaman, tal es el caso de quienes oponen en sus ideas y expresiones la sana distancia con un régimen absolutista y absolutamente delirante. Son estas voces las que actúan como anticuerpos a la epidemia de la insensatez y que, parafraseando a Churchill, se han permitido “el lujo de ejercer ese librepensamiento que poco a poco ha conseguido elevar al hombre por encima de la bestia”.

En cuanto al anuncio presidencial de ayer, contra lo que algunos ingenuos ansiaban, la novedad es que no hay novedad. Nada nuevo bajo el sol de la ignominiosa cerrazón y contumacia de quien parece aferrado a la canasta de un globo aerostático en pleno ascenso y que no entiende que mientras más tarde en soltarse, menos oportunidad tendrá de salvar su propio pellejo.



ceo@mkf.mx

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