El que paga obedece

  • Columna de Marco Sifuentes
  • Marco Sifuentes

Ciudad de México /

En la pasada entrega me comprometí a desdoblar cada uno de los 20 puntos que presenté durante mi conferencia en la Cumbre de Comunicación Política David Ross, con sede en Quito, Ecuador.

Empecemos con el candidato. Este, decíamos, debe de estar preparado para serlo y, más, para asumir el cargo, aunque doy por descontada su preparación académica, experiencia y conocimientos técnicos, para referirme al tipo de preparación del atleta, que aun teniendo todo lo necesario para competir en su disciplina, se prepara meses, semanas y días antes de la competencia.

En pocas palabras, el candidato o la candidata deben estar preparados para serlo; querer serlo y más que seguros de serlo.

Meses después de llevar al triunfo a Javier Corral, me llamó a una reunión en Chihuahua donde me presentó con Santiago Creel y Josefina Vázquez Mota, con la intención de que fuera el estratega de esta última como candidata a gobernadora del Estado de México.

Sus primeras palabras fueron: “Yo no quiero, pero Santiago y Ricardo (Anaya) me insisten mucho”. Se notaba.

Al otro día volé con ambos a la Ciudad de México donde nos esperaba en otra reunión la hijita de la candidata, cuyos conocimientos y experiencia como “coordinadora” de campaña eran los mismos que los de un verdulero sobre física cuántica.

Pese a la insistencia, decidí no quedarme y opté por participar en el equipo de quien sí se la creyó y desplazó a la ex candidata del primero al cuarto lugar.

Al igual que en su campaña presidencial, Josefina no estaba preparada para ser candidata ni tenía ganas de ser gobernadora.

Alfredo Del Mazo, en cambio, tenía todo en contra: era hijo y nieto de dos gobernadores del mismo nombre y apellido, cargaba con la mala fama del grupo Atlacomulco y hasta el parentesco y parecido con su primo, el presidente Enrique Peña Nieto, ya por entonces muy mal reputado.

Aun así, Del Mazo ganó porque se preparó para ello, se le veía en el semblante y lo transmitía con esa confianza de quien se sabe seguro.

La segunda condición, además de estar preparado y transmitirlo, es dejarse ayudar, pues que yo sepa, ni el mejor cirujano se opera solo.

Hace poco me contaron de alguien que sin haber estado en el equipo de campaña del ahora gobernador, se atrevió a decir que Javier Corral hizo su propia estrategia, lo cual es falso y por demás ingenuo; como todo buen candidato, se involucró hasta los huesos y como uno de los mejores parlamentarios y polemistas de México, discutió conmigo hasta la saciedad, a veces con razón y a veces sin ella, pero una vez aceptada la estrategia o la táctica, fue el primero en seguirla y defenderla como si fuera suya. Fue un candidato obediente.

Y es que aquí, el que paga no manda.

Polo Domínguez, ex alcalde de Tepic, y tal vez, próximo candidato de la alianza opositora por la gubernatura de Nayarit en 2021, me dijo una vez: “Soy el candidato más obediente que te puedas encontrar” y lo fue. Ganó la alcaldía con 20 puntos de diferencia después de remontar casi 40 en apenas tres meses.

Jorge Luis Preciado empezó unos 30 puntos abajo, ganó la gubernatura de Colima y se la robaron en la mesa por 150 votos; el tribunal repuso la elección y la perdió entonces por cerca de 10 mil votos. Dejó de obedecer. 


ceo@mkf.mx

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