La estrategia

  • Columna de Marco Sifuentes
  • Marco Sifuentes

Ciudad de México /

Hablábamos de que el candidato debe estar preparado para serlo. Lo segundo que necesita es una estrategia y, por ende, un estratega. Podrá tener varios, pero uno en jefe. Lo que no puede es ser él su propio estratega porque, por más conocimientos y experiencia que tenga, siempre carecerá de la distancia crítica para ver y contar la película completa de su propia campaña.

La estrategia es entender de dónde venimos, dónde estamos parados y a dónde queremos llegar; contra quién o quiénes estamos compitiendo; a qué públicos nos dirigimos; cuáles son las paradas que haremos; el tono que usaremos; los canales y los mensajes que emplearemos; contra qué nos contrastaremos; en qué nos enfocaremos; cómo nos defenderemos y cuándo atacaremos.

La estrategia es ver más allá de lo evidente, con qué podríamos tropezar y qué atajos aprovechar.

Pensar en una estrategia rígida es común entre inexpertos y necios. En campaña nada está escrito y poco sucede conforme a lo planeado, solo como aproximación, por eso la estrategia es, ante todo, adaptable.

En el centro está el elector, su cultura, creencias, costumbres, hábitos, filias y fobias, educación, lenguaje y, sobre todo, sus anhelos.

La estrategia parte del conocimiento del votante, de mi contrincante y de mí mismo, para determinar el mensaje, la narrativa y el posicionamiento, que habrán de convertirse en percepción, persuasión y disuasión.

Debo conocer a mi oponente tanto como a mí mismo, para saber cómo vencerlo y usar su fuerza a mi favor.

El anterior gobierno de Nayarit era tan corrupto que en vez de fiscal carnal tenía un fiscal criminal, literalmente, el jefe de la plaza de un cartel que ahora enfrenta un juicio en Nueva York por narcotráfico y que se hacía llamar “El Gobierno de la Gente”, omnipresente en medios de comunicación, bardas, espectaculares y hasta programas sociales como la “Farmacia de la Gente, el “Transporte de la Gente” y la “Funeraria de la Gente”; con miles de millones de pesos invertidos en imagen y propaganda. Cómo ganarle una elección en apenas dos meses de campaña, pues con una estrategia de “overpositioning” o “reposicionamiento”, aprovechando todo ese gasto pero en su contra, mediante lapidaria idea: “La gente quiere el cambio”. Y adiós. Perdieron la alcaldía de la capital por 20 puntos, con una campaña efectiva y austera para luego perder también el estado.

La estrategia en la campaña de Corral por la gubernatura de Chihuahua, que 12 años antes había perdido, fue ganarle “el tiro” al candidato independiente, que arrancó con más tiempo y en mejor posición que el panista y actual gobernador; posicionar a este como el verdadero y auténtico opositor, quien se encargaría de llevar a la cárcel al pillo de Duarte, pero sin dejar de despertar la emoción y la alegría de los electores, hablándoles con sencillez y tocando sus fibras más sensibles, despertando una nueva esperanza y abriéndoles el horizonte y la oportunidad de una reivindicación, a la voz de “Ahora es cuando, Chihuahua”.

Por último, cada estrategia es diferente y única, pretender repetir las glorias ajenas o pasadas es la ruta más corta al fracaso.

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