Los juegos diabólicos

  • Columna de Marco Sifuentes
  • Marco Sifuentes

Ciudad de México /

Hace un mes, salió a decir, Ya Sabes Quien, que se había aplanado la curva, cuando ni siquiera habíamos entrado a la fase crítica de la contingencia.

Optimista y confiado, dijo que ya pronto íbamos a volver a la normalidad y que la pandemia nos hizo los mandados, porque, como ya había escupido, “provenimos de una cultura milenaria”, que nos vacuna de cualquier mal y, por si no bastara con “El Son de la Negra”, ahí estaban un par de amuletos llamados “Detente”.

Semanas después, mientras los muertos brotaban por las alcantarillas como en la famosa película de los ochentas, contemporánea a las ideas de la fallida 4T, Poltergeist, conocida en México como Juegos diabólicos y haciendo malabares para esconderlos, se le ocurrió salir a anunciar el regreso a la “nueva normalidad”, para quitarse la presión, endosársela a los estados y dejarlos a su suerte.

Además de dividir todos los días a los mexicanos con la meridiana intención de instaurar el comunismo en este país siguiendo al pie de la letra el manifiesto marxista cuya receta es la lucha de clases.

“¿Qué vamos a hacer con los ricos?”, se pitorreó, el pequeño hombrecito en el poder, cuyos diabólicos juegos consisten en mentir sobre el peligro real y la gravedad de la crisis que enfrentamos y que nos está costando miles de vidas y poniendo en riesgo a todos, por más que se oculten y se mutilen las cifras o se alteren las actas de defunción.

Juegos diabólicos, los de fustigar a los empresarios, a los profesionistas, incluidos los médicos a quienes tarde o temprano habrá de recurrir para preservar su propia existencia.

Juegos diabólicos, los de matar la inversión extranjera, acabar con el medio ambiente, envenenar a la población y suprimir el estado de derecho y los tratados internacionales, cancelando los proyectos de energías limpias y el derecho a una vida digna.

Juegos diabólicos, los de utilizar el aparato del Estado como negocio familiar, medrando con la emergencia y favoreciendo al hijo del más impresentable político no sólo de su gobierno sino de este país.

Juegos diabólicos, los de amedrentar a la prensa y a cualquiera que se atreva a cuestionarle, azuzando además a los perros del mal para que amenacen, y violenten a quien se le ponga enfrente.

Juegos diabólicos, los de echar a la basura la credibilidad del INEGI, que desde su nacimiento tuvo que vencer la desconfianza de millones que se sentían y sentirán vulnerables al exponer sus bienes y forma de vida al escrutinio de la policía política, que podrá tocar a la puerta de quien sea y deshacerse de cualquiera que considere incómodo.

Juegos diabólicos, los de sacar al ejército, no a combatir a los criminales, sino a intimidar a los opositores.

Juegos diabólicos, los de pretender cancelar la autonomía del INE, como ya lo hizo con la CNDH y está a punto de lograrlo con el Poder Judicial.

Juegos diabólicos, los de invadir la más privada de las esferas y suprimir, como en Puebla, el derecho de los padres a decidir dónde y cómo estudien sus hijos.

Juegos diabólicos, los de aplanar no la curva de contagios, sino la de la desigualdad, aniquilando a los que más tienen para que todos tengamos nada. 


ceo@mkf.mx

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