¿Vas a Queré...taro?

  • Columna de Marco Sifuentes
  • Marco Sifuentes

Jalisco /

Querétaro y Chihuahua en algo se parecen. Ambos estados conocieron la  alternancia gracias al PAN e, inmediatamente, antes de concluir su primer sexenio panista, ya habían sido recuperados por el PRI, ante un generalizado desencanto por las altas expectativas que la otrora oposición había despertado entre sus respectivos electores y su enorme incapacidad para satisfacerlas.

Otra coincidencia es que ambos estados le dieron una segunda oportunidad al PAN, Querétaro en 2015 y Chihuahua en 2016, éste último por un periodo de sólo cinco años, así que en 2021 ambos irán a las urnas de nueva cuenta.

La diferencia es que Querétaro es el único a nivel nacional donde las preferencias electorales favorecen actualmente en las encuestas a un partido distinto a Morena.

Francisco Domínguez tiene 53 años de edad, la misma que su homólogo de Chihuahua, aunque a diferencia de éste, es un político fresco y desenfadado que, no se auto concibe con superioridad moral o intelectual, sino que por el contrario, suele ser sencillo, afable y cercano a sus gobernados, a pesar de poseer un currículum más amplio que el chihuahuense, pues además de diputado federal y senador, fue alcalde de su ciudad, Querétaro capital.

A Pancho, como suelen llamarlo propios y extraños, lo mismo lo vimos tirando patadas voladoras para defender la tribuna de la cual los perredistas, ahora morenos, pretendían apoderarse en 2006 para frustrar la toma de protesta de Calderón, que como senador increpando al líder priísta Emilio Gamboa, alfil del malogrado Peña Nieto.

Pancho Domínguez también se vio en la necesidad de hacerle frente a nivel local a quien parecía imparable, el “Joven Maravilla”, Ricardo Anaya, cuya residencia cambió de los populosos suburbios mexiquenses al industrioso Querétaro, donde pronto logró un despegue meteórico como secretario particular del alcalde y luego gobernador Francisco Garrido, jefe estatal del PAN, diputado y líder de la mayoría panista en el congreso local, para luego brincar a las ligas mayores designado a muy temprana edad por Felipe Calderón (a quien luego traicionó) como subsecretario de turismo y desde donde brincó, apoyado por Gustavo Madero, (a quien también traicionó unas tres o cuatro veces), como diputado federal, presidente del Congreso, secretario general y presidente del PAN, para, finalmente, agandallarse la candidatura a la presidencia de la República, misma que perdió de manera escandalosa, viendo su refulgente carrera política apagarse en un santiamén gracias a una jugada maestra entre “l’ancien régime” y su anciano contrincante, que en pleno debate lo noqueara con aquel memorable “Ricky riquín, canallín”, del cual ya no pudo levantarse.

Al mismo, al que en su adoptivo Querétaro apodaban el Cerillo, ya lo había derrotado tres años antes Pancho Domínguez, quien se quedó con la candidatura a gobernador sin disputársela siquiera, pues fue la propia ambición desmedida del chico “de las ideas articuladas”, Diego Fernández dixit, la que lo llevó a perseguir sin éxito una anticipada y desproporcionada gloria nacional, desdeñando lo que a nivel local parecía, además de posible, más sensato.


marcosifuentes@mkf.com 

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