A ocho días de la elección más grande en la historia de este país, hay muchas lecciones que podemos aprender de las distintas campañas a lo largo y ancho del territorio nacional.
La primera es que nadie tiene asegurado nada, salvo contadas excepciones, los escenarios previstos a principios de año, hoy son totalmente distintos. Aspirantes que no llegaron, candidatos que se bajaron, candidatas y candidatos a los que tumbaron. Los que empezaron arriba y hoy están abajo; los que subieron, bajaron y volvieron a subir.
La segunda lección es la judicialización de los distintos procesos. Ya no es suficiente un buen candidato, con un buen partido más una buena campaña; ahora más que nunca es preciso tener a la mano un buen equipo jurídico y contable; una fiscalización efectiva y todos los papeles en regla, para no perder por default, antes, durante o después de la elección.
La tercera son los factores exógenos al candidato y su equipo, tales como el gobierno, la sociedad organizada, los grupos de poder y los medios de comunicación que ahora incluyen a todo tipo de influenciadores digitales y lamentablemente, al crimen organizado que pone y quita a quien se le pega la gana y ha asesinado a cerca de 100 aspirantes de todos los partidos, cifra inferior a la registrada en las elecciones del 18 pero no por ello menos oprobiosa y dolorosa.
La cuarta es la manera de hacer campañas, las que van de lo tradicional a lo espectacular; las de tierra y las de aire; las que se siguen ganando con dinero y las que se ganan con ideas; las que se pierden por falta de pericia y experiencia, por una frivolidad o de plano, por estupidez.
La quinta lección, nos la da el modelo institucional; un INE asertivo y acertado como errático; organismos electorales locales amañados y a modo del gobernador de cada estado; tribunales estatales corruptos; salas regionales y la superior del Tribunal Electoral de la Federación, enmendando la plana a todo mundo.
Vaya, de todo hemos aprendido en este proceso que todavía no termina y que nos depara aún grandes sorpresas, calamidades y extravagancias; ojalá que también algunas satisfacciones.
La próxima semana, haré un análisis más detallado de lo que será la conclusión de este histórico proceso, sus antecedentes, sus posibles escenarios y las consecuencias que traerán para la vida de todas y todos los mexicanos.
Según me informa el director de este prestigioso diario, dispondré de más espacio para plasmar semejante tarea, por lo que habré de requerir del doble de su amable y generosa atención.
Nos vemos al día siguiente de la elección.
Salgan a votar y háganse cargo de su propio destino.
Marco Sifuentes