El advenimiento de los modernos medios de comunicación llegaron para una sociedad… que se comunica menos. Especialmente los jóvenes, quienes al enviar mensajes creen que se están comunicando; el medio oral está en decadencia.
Cada vez más rápido se va perdiendo la capacidad de dialogar cara a cara y, de manera alarmante, la comunicación se da a través de las palabras con sentido.
La palabra por WhatsApp no tiene sentido humano por carecer de tono e intensidad. No es posible apreciar el matiz por falta de sonido.
La respuesta a textos se contesta con emoticones sin que se comprenda a cabalidad cuál es el sentido; es que resulta fácil y cómodo enviar dibujos que pretenden sustituir las palabras o las emociones.
Es decir, la persona no describe una emoción que sale de la palabra, sino una representación única: tristeza, enojo, sorpresa o aprobación entre otros. No existe la descripción de un sentimiento o una alegría.
¿Cómo se puede mostrar la empatía con una máscara? ¿Cómo puede un joven mostrar a la chica su amor con el dibujo de un corazón?
El vocabulario amplio, el sentido de las palabras, el dominio gramatical y algo de inspiración es lo que da fama al novelista y al poeta. Son las mismas palabras que están disponibles para todos, pero hay que saber combinarlas con sentido.
Quien se comunica de modo telegráfico está ocultando su incapacidad de usar el idioma para proyectar su personalidad. Si a esto se suman faltas gramaticales, la comunicación es un desastre.
Transmitir emociones o sentimientos es un medio para que cualquier persona desarrolle su inteligencia emocional y, por consecuencia, encontrar “sus pares”.
Si una persona se comunica con limitaciones, solamente otra igual lo tomará en cuenta.
El problema es que se multiplica por miles en nuestra sociedad.
Los jóvenes carecen de léxico; su vocabulario es limitado y agreden al idioma de Cervantes con palabras y símbolos crípticos que ellos dominan.
Pero incapaces de entablar una comunicación inteligente, con trascendencia. _