Dentro de las primeras sorpresas que se encuentran los jóvenes que llegan a la edad laboral es descubrir que no hay empleos y aquéllos que lo logran, ven con alarma que están mal pagados; ello también se observa en los recién egresados de las escuelas superiores, que ven escasas posibilidades de contratarse con las organizaciones. En algunos grandes bufetes contables, fiscales o legales de la ciudad de México y quizá en otras, el estudiante de los últimos semestres o ya graduado, se conforma con ingresar sin sueldo, siempre y cuando se trate de la persona adecuada. El argumento es que “paga con enseñanza”, lo cual tolera el joven porque el prestigio o fama de esa oficina le dará a largo plazo las compensaciones a su estadía precaria en ingresos.
Poco o nulo crecimiento es igual a desempleo, lo que choca con el ideal de la juventud, que, según el Instituto Mexicano de la Juventud de la UNAM, es “obtener un trabajo con buen salario y estabilidad laboral a partir de un empleo formal”.
Pero la realidad es que el 85% de los jóvenes ocupados no ganan más de 6 mil pesos al mes, provocando que muchos se lancen a la informalidad, sin lograr las experiencias que proporciona el desempeñarse para una organización aunque sea pequeña.
Los especialistas de la UNAM y del Centro de Investigación para el desarrollo (CIDAC), coinciden en que la situación laboral de los jóvenes poco ha cambiado tras la crisis de 2009: la economía no crece y no se está invirtiendo lo necesario para generar nuevos empleos.
Con base en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, al segundo trimestre de 2014 había 14 millones 648 mil jóvenes con empleo, pero el 85% con sueldo inferior a 6 mil pesos, es decir, alrededor de 12 millones y medio de jóvenes. A menor edad, menor salario. Con ese ingreso, el acceso al mundo de la tecnología le está vedado, además de acudir a eventos recreativos que tienen costo, viajar y algunos aportar dinero a sus hogares.
Clemente Ruiz, catedrático del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, comenta que “los jóvenes se emplean en actividades muy básicas que no les permiten tener una remuneración adecuada, y que los jóvenes están en su mayoría en la informalidad porque no tienen bastante capacitación para incorporarse a empleos más calificados”. Sólo una cuarta parte de ellos entre los 15 y los 29 años, ingresaron a los 603 mil empleos que se crearon el año pasado.
Una estadística francamente demoledora es la que refleja la tasa de informalidad equivalente al 58%, y de ella, el 69% es de jóvenes; estos son fríos dígitos que representan a un país casi estancado en la promoción del empleo y que esa masa significa una grave crisis del capital humano, cuyo desenlace tiene serias premoniciones.
El joven que no encuentra empleo es fácil de caer en la depresión y en la subestimación, que lo puede convertir en alguien impredecible cuando se vive en ambientes de violencia, al observar que por actos delictivos personas con poca o nula preparación, pueden acceder al mundo del dinero.
Siguiendo con datos estadísticos, encontramos que la entidad con mayor desocupación entre jóvenes de 14 a 29 años es el Distrito Federal, con 12.6 % y la menor, Baja California Sur con 7.2%, siendo el promedio nacional 8.3%. Tamaulipas se encuentra en la mitad de la barra, con 9.3% de jóvenes desocupados.
Este panorama nacional debe motivar a los jóvenes que se encuentran en las escuelas superiores, a redoblar sus esfuerzos y aplicar el tiempo en su preparación incluso en el nivel de autodidactas; porque la mayoría de los estudiantes casi todo lo ven “color de rosa”, sin asomarse al mundo del empleo. Gran parte de sus horas transcurren en actividades que no tienen nada qué ver con su formación y desarrollo, son proclives a la diversión y a buscar “pasarla bien”, sin prever que la “pasará muy mal “al egresar. No tienen el tesón y la disciplina del estudiante europeo, que antes de concluir una carrera universitaria habla tres idiomas y ya estuvo en contacto con el campo del trabajo. Y si no encuentra lo que busca, viaja a otros países como representante de la globalización.