La situación de vulnerabilidad de los mexicanos afecta a sus familiares y debilita a la nación. La atención que se les da hasta ahora es limitada o inexistente. En el caso de la niñez, sólo el 12% recibe plenamente servicios públicos.
El 16% de los menores de 5 años vive en condiciones de hacinamiento y el 38% de los menores de 2 años padece anemia. En ellos, se presentan casos de desnutrición crónica y el 56% de los menores de 5 años vive en pobreza.
Cada dos días muere por homicidio o maltrato un niño menor de 4 años y más del 20% de los niños en preescolar en zonas marginadas, no adquieren habilidades básicas de lenguaje y pensamiento matemático.
Otro grupo vulnerable lo integran las personas con discapacidad; éstos se encuentran fuera de los mandatos del artículo 4º- de la Constitución Política, porque no existe en ellos orden que establezca medios para su tratamiento, rehabilitación e integración. Falta accesibilidad universal a espacios físicos, servicios públicos, medios de transporte, de comunicación y tecnología para que se incorporen y participen en la vida económica, social y cultural. Aquí en el sur de Tamaulipas, los automovilistas no colaboran ni siquiera respetando los espacios o cajones de estacionamiento para ellos.
Si bien en nuestra zona no hay comunidades indígenas, son cientos de ellos los que vienen periódicamente a ésta por búsqueda de trabajo o para atender familiares enfermos; algunos forman grupos de músicos ambulantes o danzantes que operan en la vía pública, los cuales son ignorados por la inmensa mayoría… que si siquiera se digna mirarlos y menos cooperar con una moneda.
Los migrantes son también vulnerables porque carecen de todo tipo de apoyo organizado; ellos van de paso y no son delincuentes, sino buscadores de mejores oportunidades de vida en el norte; son víctimas de los secuestradores que los extorsionan o matan si no acceden a sus requerimientos. Urgen muchos padres Solalinde en nuestras comunidades.
Finalmente están los adultos mayores que carecen de sustento y que en algunos casos, son abandonados por sus descendientes; mientras en algunos países de Oriente se les respeta y cuida, son incorporados a las escuelas y empresas como instructores y capacitadores de jóvenes, en nuestro país son tratados en la mayoría de los casos, como una cagar o alguien incómodo por que ya no son “útiles”.
Todos estos grupos son un reto para cualquier gobierno presente o futuro, y una obligación moral para todos nosotros: actuar en lo que nos corresponda.