Sin ética, el caos en la vida política

  • Educación y Sociedad
  • María Doris Hernández Ochoa

tampico /

En una gráfica del triunfo en cualquier actividad lícita, se pone en la base de la pirámide la ética. Sin ella se puede tener un concepto torcido del triunfo, pero este será hueco y sin reconocimiento verdadero sin duradera lucidez.

Cualquier actividad sin ética, se rebaja, se convierte en algo detestable, especialmente en el campo de la política, a la cual llegan a veces oportunistas, improvisados, “amigos de”, sin estudios y rapaces.

La preparación de toda persona con vocación política debe partir del conocimiento y práctica de la ética, estudio del ente público, las estructuras del poder, responsabilidad social y legal, legislación y funcionamiento del sistema democrático.

En México se padece de la improvisación en el servicio público, personas con un mínimo de experiencia en el área y sin una estructura mental del compromiso.

Muchos hijos de las circunstancias y del cobro de cuotas por haber servido a quien llega al poder, el cual exige más lealtad que efectividad… a fin de cuentas el poderoso lo cobijará con el manto de la impunidad.

El problema de muchos países es enfrentar el reto de la desvinculación de la ética con la política, dado el apetito por el poder que es más grande que el deseo de perfección y servicio.

México está mal calificado en el concierto de las naciones respecto a su posición en la tabla de la corrupción. Resultado de que los servidores públicos tejen un laberinto de rutas para delinquir y tratar de evadir la aplicación de la justicia.

Pero ay de él si llega al poder otro partido y empieza a buscar en los archivos las faltas que lo llevarían a prisión. Por lo menos, vivir en la zozobra de caer y para evitarlo, capaz de denunciar a su antiguo protector… o renunciar a su partido político original.

La degradación de la vida pública es escandalosa. Los ciudadanos libres y honestos ya no soportan tantos abusos y el uso faccioso de las instituciones.

Tampoco los denigrantes espectáculos de barriada de los llamados “representantes populares” en los Congresos locales.

Estas líneas se escriben teniendo en mente al promotor de la ética en nuestra sociedad: Rubén Núñez de Cáceres. _

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