Inclinación por la trampa en el mundo académico

  • Educación y Sociedad
  • María Doris Hernández Ochoa

Tamaulipas /
Únete al canal de Milenio

En México ya no es noticia el descubrimiento de algún fraude en el que la persona intenta hacer aparecer que es lo que no es ; pero la nota que trascendió las fronteras se originó a raíz de la aplicación de un examen de admisión mediante sistema masivo, en nuestra UNAM.

Ante un explicable resultado de exámenes idénticos, recayó la evidente sospecha de fraude por algunos aspirantes a ser alumnos ante esa prueba de aptitud, y obviamente, el acceso previo a las “respuestas correctas”, con tan sorprendente identidad que no fue necesario aplicar evaluaciones individuales.

Al fraude la voz popular le llama “trampa” o “embuste”, práctica conocida desde siempre en nuestros país, en muchos casos, con afectaciones patrimoniales para quien “cayó en la trampa”, personas de buena fe, confiadas y creyentes en la honradez de la otra parte, que terminan frustradas o burladas al descubrirse la verdad.

En nuestro país existen personas cuya “profesión“ es el diseño de métodos de fraude, mediante ventas ficticias de servicios o artículos, que no corresponden al ofrecido, siendo deliberada la intención.

Pero también se da el caso en el manejo de documentos falsos en su origen, pero que la persona que se acredita con ellos para ser viable a ocupar un cargo o empleo; se ha dado el caso de instituciones educativas que otorgan un título profesional de manera express o sin cubrir los requisitos (el vulgo les llama con burla títulos ignoris causa); el caso paralelo es atribuirse la autoría de un texto ajeno, llamado plagio.

En el mundo oficial se han dado casos que provocan escándalo, que obviamente no ruboriza ni afecta a la persona “desenmascarada”: tesis de licenciatura, maestría o doctorado, atribución de autoría de investigaciones para ingresar al Sistema Nacional de Investigadores, cédula obtenida mediante una tómbola para integrarse al Instituto Nacional Electoral; también los casos en que se ocupan niveles en el organigrama que requieren título y promedio mínimo en la carrera.

En estos casos, prevalece el opuesto a “ser y no parecer”, ante la multiplicación de los títulos profesionales sin sustento académico, y cuando se posee la legalidad, cuidado con no mencionar el título al dirigirse a la persona que lo posee, sobre todo en ciertas sociedades mexicanas, como una reminiscencia de la época del virreinato, de los condes, marqueses y otras “distinciones” nobiliarias.

Con estos ejemplos, ¿qué tiene de extraño que los estudiantes hagan “trampa”?

El caso de la UNAM, noticia que trasciende fronteras, es una mancha más al prestigio nacional, si bien se debió a una debilidad y falta de confianza en los infractores, que indudablemente fue una minoría, afecta además a los jóvenes y sus padres de recto proceder… “pero la llevamos todos”.

¿Prestigio?: con acciones. Agréguese al decálogo: “no copiarás, plagiarás, ni ostentarás”.


Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.

Suscríbete al
periodismo con carácter y continua leyendo sin límite