José Vasconcelos (Segunda parte)

  • Educación y Sociedad
  • María Doris Hernández Ochoa

Tamaulipas /
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Prosiguiendo con los comentarios acerca de los claroscuros de la vida del educador José Vasconcelos, primer secretario de Educación que ha tenido México a partir de 1920 y cuyo desempeño fue brillante, anotamos otros aspectos que en opinión de sus biógrafos, opacaron su trayectoria, pero que a criterio de otros, no fueron los que destruyeron la imagen del maestro de la juventud de América.

Ya se ha mencionado el desdeño que tuvo para la adquisición oficial de los archivos y libros de Genaro Aguirre, ofrecidos por la viuda de éste a cambio de una pequeña suma de dinero, decisión que muchos han lamentado: quienes estiman los valores culturales e históricos de los acervos, incluyendo a los expertos de la UNAM, desaire no tanto por la carencia de recursos económicos sino por la actitud negativa. Como se conoce, todas las dependencias se rigen por un presupuesto, que no fue excusa, sino por no valorar el tesoro documental que se le ofrecía, aprecio que sí tuvo una universidad de los Estados Unidos, que presta, pagó más del doble y en dólares para acarrear ese tesoro.

Otro aspecto criticable, según los conocedores, fue el ofrecer los muros de los edificios públicos a los pintores famosos de su época, los cuales, consentidos del gobierno, deseaban proyectar mensajes político-sociales, en lo que no estuvieron de acuerdo pintores con otro concepto del arte, como Rufino Tamayo y Octavio Paz, opinión vigente hasta nuestros días.

También se le critica a Vasconcelos, se adhesión al nacionalsocialismo alemán de los años Treinta, bajo cuyo patrocinio editaba la revista “Timón” que alcanzó los 17 números, dedicados a ensalzar la obra y proyectos nazis. Ya los contemporáneos fueron testigos del fin del “imperio que debía durar mil años”.

A fines de los Treinta, derrotado electoralmente se refugió en París, seguido por su admiradora quien patrocinó su campaña política, Antonieta Rivas Mercado, promotora del arte quien además de sufrir la frustración de la ilegal derrota, la disminución de su fortuna y el desastre matrimonial que incluyó perder la custodia de su hijo, sufría por el desdén de Vasconcelos hacia su problema emocional.

Víctima de la depresión, Antonieta acudió el 11 de febrero de 1931 a la catedral de Notre Dame en donde se pegó un tiro en el pecho. Esta decisión fatal fue noticia mundial por el lugar, recinto religioso y por la importancia de ella como mecenas de artistas y seguidora de la obra del escritor y político José Vasconcelos, quien finalmente se desentendió del caso por no ser penalmente pero sí moralmente culpable, se desentendió de sus restos, quedando en una tumba anónima.

Estos fueron pasajes oscuros de Vasconcelos, que no obsta para reconocer su obra educativa y el valor de desafiar al partido que nació desde el gobierno.


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