Políticos mexicanos: mucha ambición, poca preparación

  • Educación y Sociedad
  • María Doris Hernández Ochoa

Tamaulipas /
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Colegas de la pluma como Pascal Beltrán y José Romero Apis han estado realizando trabajos sobre la discrepancia que han encontrado en el quehacer político, en relación entre la delicada tarea de la actuación y la preparación que conlleva.

Ellos estiman que la clase política está de capa caída por la penuria que ven en quienes la representan por la falta de ideas; que no reside en carencias materiales o financieras, sino en las de tipo intelectual, la carencia de propuestas.

Critican a los electores al ejercer su derecho, que se equivocan al votar porque se confunden, los engañan, amenazan o porque se aventuran.

Que los gobernantes tan sólo hablan, conviven y deciden entre ellos: los otros no existen, que las únicas necesidades son las suyas, sobreviven sin confrontación de ideas, lo único que existe es su preservación.

Otra opinión vertida es lo que llaman “la anorexia vocacional” que significa un peligro para el futuro por la falta de apetito por la política, cuando se piensa en su estatus y no en el estado de la sociedad, en la nación y sus problemas, provocando generaciones sin políticos sobre todo al apoyar a candidatos o invitar a trabajar a personas sin probidad ni capacidad, sino como recompensa a su trabajo de campaña o porque los tendremos prestos a respaldar sin miramientos a lo que proponga “el o la de arriba”.

Las opiniones de estos periodistas están abiertas a la adhesión o no de los lectores, pero lo valioso es la opinión crítica, misión del verdadero profesional que no se alinea o está al servicio del poder con su silencio.

En la realidad que nos dicta la historia encontramos certeza en que la opinión ahora dada a conocer no es privativa de nuestra época, sino en la lectura de lo que decidieron los gobernantes del pasado: enormes equivocaciones y omisiones que impactaron en el futuro de México y que todavía nos causan pesadumbre.

Cómo olvidar el fusilamiento de Agustín de Iturbide, el verdadero padre de nuestra independencia y la obediencia servil del primer Congreso de Tamaulipas, de quienes firmaron el Plan de Guadalupe y otras docena de desatinos por falta de oficio, sin visión de futuro.

En nuestro medio político se observa que los interesados en ocupar cargos, se preocupan más por aparecer como idóneos, que en ocupar años en su preparación. En general, personas improvisadas que aspiran ingresan a la nómina… para aprender.


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