Una de las libertades más preciadas de los países democráticos es la libertad de prensa, la de expresar libremente ideas, desacuerdos, apoyos, propuestas y críticas, tanto a la sociedad civil e iniciativa privada como al gobierno de cualquier nivel.
Los límites a esa invaluable libertad y derecho son los que establece la moral, el no anonimato, el acusar sin pruebas o evidencias , el disfrazar lo comercial con falsedades, etc.
Ya se conoce que esta libertad ciudadana no funciona en países con otro régimen político, en donde prevalece la censura, la autocensura y en donde se acalla de alguna manera la crítica al gobierno. Criticarlo puede ser peligroso.
Existe una famosa frase que se le atribuye al pensador francés del siglo XVIII, Voltaire: “Podré no estar de acuerdo con lo que dices, pero defenderé el derecho que tienes de decirlo”, como muestra de tolerancia y libertad.
En el pasado para el gobierno en turno había opciones para el control, y uno de ellos era acallar a la presa crítica al tener el monopolio del papel: simplemente suprimía el suministro a las rotativas. Sin embargo había otras formas que llegaban a la crueldad o quizá las sigue habiendo.
México no ha estado ausente de la incomodidad que ha producido al gobierno, como si el comprar espacios para anunciar sus avances y otras promociones por la imagen, equivaliera al control de la crítica. Lo dijo textualmente un presidente del país: “No pago para que me peguen”.
Se llegó al extremo de provocar a través de infiltrados y trabajadores a modo, de provocar una huelga que llevara a los directivos de influyente diario y nunca acallado, a abandonar las oficinas. Pero la dignidad y orgullo de comunicadores sobrevivió y quedó el ejemplo.
Delicada misión de los directivos de cualquier medio: prensa, TV, radio u otros, porque sobre sus hombros está la responsabilidad de ser referencia de la opinión pública y denunciar hechos irregulares o incluso, ilegales, pero también sostener a una empresa productiva en equilibrio para cubrir sus compromisos patronales y ante los accionistas y, a la vez, defender el derecho constitucional de publicar, en otros casos, de opinar, por lo que tienen que estar preparados para sostener y defender la libertad de expresión ante intentos de control, con leyes o su proyecto que se presume los derechos de audiencia.
Como dijo el columnista Sergio Sarmiento: “Si alguien no quiere verme, escucharme o leerme, que le cambie o apague el aparato” y así la persona defiende sus derechos como auditorio.