Elsa Aguirre: el arte de ser flor

  • Todo es vanidad
  • Mariana Velázquez

Puebla /
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Elsa Aguirre no fue una diva más. Tampoco fue la última como algunos titulares señalaron tras su reciente partida a los 95 años este 14 de julio –no olvidemos a María Victoria de 103 o Irma Dorantes de 92–. Pero ella fue más que una primera actriz dorada por los reflectores y adorada por sus miles de fans. Fue una mujer que aprendió de las flores, a través del tiempo y sus azotes, el secreto arte de encarnar la belleza.

No quería ser actriz, ni famosa, pero al ganar un certamen de belleza organizado por CLASA Films Mundiales en su natal Chihuahua, su destino estaría marcado junto con el de su hermana Alma Rosa. Rosa. ¿Lo ven? Las flores. Elsa era una azalea.

Aquel triunfo impulsó su llegada a la Época de Oro del cine mexicano y a los 16 debutaría en la película El Sexo Fuerte (1946). A partir de entonces, su impactante rostro y profunda voz cautivaría a toda una sociedad ávida de lo bello con títulos como Ojos de Juventud (1948), Lluvia Roja (1949) y Cuidado con el Amor (1954) junto a actores como Jorge Negrete, Pedro Infante e Ignacio López Tarso.

En 1947, la canción “Flor de Azalea”, compuesta por Manuel Esperón y Zacarías Gómez Urquiza para la película Algo Flota Sobre el Agua y dedicada a la histrionisa, sería también un canto premonitorio en su vida.“Como espuma que inerte lleva el caudaloso río, flor de azalea, la vida en su avalancha te arrastró”.

Sufrió el desgarro de una madre al ver morir a su único hijo, enfrentó graves problemas de salud y por, algún tiempo, vivió en un ir y venir sin rumbo.

Pese a todo, adoptó un camino de transformación. En la meditación y los saberes espirituales encontró fuerza y serenidad. Se volvió ovolactovegetariana, dejó de beber, de fumar y forjó su disciplina en el yoga durante más de 50 años. Cuidó de sí, por dentro y por fuera, tanto que en cada aparición recibía elogios por su hermosura descomunal: “Agua helada y yoga”, aseguraba en cada entrevista.

Al final de sus días buscó dejar testimonio de su vida en el libro autobiográfico De mis Labios a tus Ojos recuperado por el autor Enrique Gutiérrez y que, esperemos, sea en otro homenaje póstumo, verá pronto la luz.

De todos modos, ella misma contó su historia. En Facebook subía de tanto en tanto videos con relatos, anécdotas de juventud, aprendizajes y enseñanzas. Su forma de trascender fue compartiendo un mensaje con Dios como centro de todo, de desprendimiento, de bondad con el prójimo y la naturaleza, en agradecimiento con la vida.

En su ausencia los videos seguirán reproduciéndose y en ellos estará sonriente, en calma desde su casa, con un jarrón de rosas frescas detrás, mirando a la cámara. También seguirán las movies y las fotos con su imagen inmortal. Pero todo lo bello pronto habrá pasado. Las flores se habrán marchitado, las ropas se verán consumidas y el cuerpo volverá al polvo. “Sólo es capaz de consagrarnos lo que permanece”, dice el poeta María Rilke.

Elsa fue bella, sin pedirlo, y se entregó como lo haría una flor que simplemente es. Ahora sus cenizas descansan junto a las de su hermana Alma Rosa, en lo más alto, en un jardín, como fue su última voluntad. “En la alborada de una nueva vida llena de amor”.


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