Mochilas transparentes

  • Todo es vanidad
  • Mariana Velázquez

Puebla /
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En una famosa revista de moda hay una sección llamada What’s In My Bag. En ella las celebrities desnudan su alma revelando qué perfume o labial usan en su día a día, los amuletos de la suerte que cargan consigo e, incluso, han mostrado insólitos mazos de tarot a la vez que sacan del fondo dulces de menta.

Una noche, de vuelta a casa, me descubrí presenciando otro What’s In My Bag en pleno bus, pero, esta mujer desconocida lo hacía involuntariamente. Traía un bolso transparente de plástico que exponía todo de su vida: paracetamol, naproxeno, crema de manos, un lapicero, tarjetas, las llaves de su casa, toallitas higiénicas, una pequeña botella de Coca-Cola Zero, un tupper vacío y la credencial de su empleo.

No mencionaré de qué tienda departamental era aquel gafete, pero con el paso de los días vino repitiéndose la misma escena con trabajadores del mismo establecimiento y cada vez más de otros también, tanto que llegué a ver hombres con mochilas diáfanas plastificadas a sus espaldas. Le pregunté a uno de ellos si le resultaba práctico y me respondió que sí, que su patrón les entregó los bolsos y que, como él no tiene nada que esconder, lo usa, es más, le agrada porque hasta ahora, a diferencia de los modelos de los 90s, este no se ha roto y repele muy bien la lluvia.

Esta medida se ha extendido en distintas tiendas de conveniencia y departamentales con el fin de evitar el robo interno, uno de los principales desafíos para el comercio en México. En 2024, el robo hormiga fue el tercer delito más frecuente a nivel nacional, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización de Empresas ENVE, de modo que sectores como MiPyMEs, farmacias y tiendas de conveniencia son especialmente vulnerables. Para prevenirlo, se recomienda fortalecer el control de inventarios, implementar vigilancia y tecnología, y fomentar una cultura laboral basada en mejores condiciones de trabajo y, sobre todo, comunicación transparente. Transparente.

A la par, una nueva medida de seguridad escolar implementada en algunas secundarias de Tamaulipas y Baja California sobre el uso de mochilas transparentes para evitar el ingreso de objetos prohibidos ha generado debate. Y aunque hasta ahora no existe una disposición nacional que las haga obligatorias, algunos planteles las han establecido como requisito, incluyendo estucheras y lapiceras. La medida ha sido cuestionada en redes sociales por padres de familia, quienes señalan que la prevención debe comenzar desde casa, mientras que otros apoyan el control de protección para evitar infortunios dentro de las aulas.

Sea para acceder a un concierto, un plantel educativo o un centro de trabajo hay quienes defienden, ante todo, el derecho a la privacidad, reconocido en el Artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La privacidad como un valor en sí mismo, “esencial para el desarrollo de la personalidad y la protección de la dignidad humana”.

¿Será esta la nueva normalidad o será posible andar por la vida sin miedo, ver y ser vistos sin desconfiar del otro? ¿Sin la transparencia voyerista, ni el peso del juicio o la sospecha y que vuelva a ser cosa de diversión y voluntad abrir nuestro interior al otro? Deseo que sí, pero ¿cómo?


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