España ganó el Mundial 2026 gracias a un proyecto, no a la casualidad
Llegó como el mejor equipo del planeta: Terminó el Mundial invicta, ganó siete de sus ocho partidos (empatando solo contra la sorprendente Cabo Verde de Vozinha); recibió apenas un gol en todo el torneo (el mejor registro defensivo de un campeón en la historia de los Mundiales) y conquistó su segunda estrella.
España acumula ya 38 partidos consecutivos sin perder, una racha histórica en el futbol de selecciones, y en apenas tres años levantó la UEFA Nations League 2023, la Eurocopa 2024 y ahora el Mundial 2026, consolidando uno de los ciclos más dominantes que se recuerden. Pero esto no fue suerte; es el resultado de un proyecto que lleva años apostando por el juego, la formación y una idea futbolística.
Y eso, proyecto, es algo que de este lado desconocemos. España no. Empezando por Luis de la Fuente, un DT que nunca ha dirigido en Primera División, pero que dedicó gran parte de su vida a este proyecto. Ingresó a la Federación en 2013, fue campeón de Europa con la sub-19 en 2015 y con la sub-21 en 2019, además de conseguir la plata olímpica en Tokio. Muchos de los futbolistas que levantaron la Copa crecieron con él. Un proceso de 13 años que empezó desde las inferiores y hoy llevó a España al título mundial.
La final devolvió el protagonismo al futbol
Pero lo más importante, más allá del título español, es que hoy ganó el futbol; porque la conversación volvió a la cancha y no fuera de ella.
Eso, por sí solo, ya es una victoria.
La sensación que dejó la final no es la de preguntarnos qué hizo el árbitro, qué decidió el VAR o qué polémica terminará explicando o ensuciando la victoria de algún equipo.
Ni siquiera el poder político, tan acostumbrado a acercarse al futbol cuando le conviene, consiguió robarle el protagonismo a lo que ocurrió dentro de la cancha. No hay polémica por sospechas de amenazas al rival; hoy nadie justificará con una risa burlona y mucho menos tendremos que meter a Dios para aceptar que alguien haga trampa. Hoy, el título no está manchado por jugadas polémicas, tarjetas perdonadas o una cantidad absurda de penales dudosos.
A pesar de las polémicas generadas por el VAR a lo largo del torneo, y no por las cámaras, sino por la inconsistencia al aplicar el reglamento o la forma en que la misma jugada vale penal para unos y apenas revisión o nada para otros, el trofeo terminó en manos del equipo que mejor futbol hizo durante el torneo.
Hoy ganó el futbol del mundo, el buen futbol. No el de los que pretenden justificar con la palabra “picardía” a la simulación, la provocación o al intento deliberado de lastimar al rival.
Ganó el futbol de los buenos aficionados; esos que comparten la tribuna y son capaces de cantar y compartir momentos de alegría y aún estar juntos en la derrota. No el de los que insultan, los que agreden, los que en pleno 2026, tienen al racismo y la soberbia como principales argumentos.
Por eso, ganó España, pero ganamos todos a los que nos gusta este deporte, porque la marrullería y la polémica quedaron fuera de la cancha.
Porque mientras otros buscan atajos, golpean o buscan engañar al árbitro, esta final nos mostró que todavía se puede ganar jugando bien al futbol.
Ese es el futbol que nos pertenece a todos. Y el mejor homenaje que puede hacerse a este deporte no es encontrar la forma más ingeniosa de sacar ventaja, o de ganar sin importar la forma, sino jugar con talento, valores, disciplina y sobre todo, justicia.
Y eso no lo digo yo. Basta recorrer las portadas de la prensa internacional o asomarse a las conversaciones de aficionados de distintos países en internet y redes sociales, donde se repite una misma idea: "ganó el mejor", "ganó una forma de jugar", "ganó el futbol", “se hizo justicia”
Y que un campeón ponga al planeta entero a hablar de su juego y por lo que hizo dentro de la cancha y no de la polémica por la forma en que ganó, es una victoria para este deporte.