Confesaré primero que iniciaré este texto con un párrafo del cual hago un personal y plagiario parafraseo. Es el inicio del libro Apología de las Cosas del autor Arnold Kraus, modificando sólo la palabra «cosa», por la palabra «presente». Es de esa buena literatura moldeable a las realidades percibidas por su lector.
“El universo encerrado en la palabra “presente” es inagotable. Un sinfín de quehaceres, una extensa gama de situaciones, una cadena de preguntas, una serie de vivencias no bien definidas, una nota periodística”.
En el reloj del tiempo, el movimiento del péndulo es el presente. Es un movimiento inasible, como lo son los instantes y las vivencias. El presente se balancea entre el pasado y el futuro, armonizado por un pulso magnético y descomunalmente distante y desconocido, el cual organiza la maquinaria de la vida en el cosmos.
Los relojes del alma son unas paletas que arrastran la arena, como puertas giratorias que arrastran los pasos. Valdría la experiencia de alguna vez observar, desde dentro, pero a la distancia, el ir y venir de las personas en un aeropuerto, en una central de autobuses, o de trenes.
El subir y bajar, irse y llegar, es el movimiento del tiempo, el presente, que se mueve y al que el demiurgo debe nombrar para cada persona, como un destino al que llegar.
Pareciera que siempre se habita en el presente, pero siempre se camina en él, como en una banda sinfín. Y así como las casas se llenan y vacían de cosas, el tiempo se llena y se vacía de presentes, que estuvieron y ya no están, que estarán si tomamos el tren, el avión, el camino, que lleve hasta ahí.
No se está en el presente, el presente está en cada vida, oscilando, hasta dejar de nombrarnos el murmullo de su ir y venir del pasado al futuro, extremos, fronteras, más allá de la vida.
La palabra “presente” es inagotable y todo puede ser vivido en él, los límites de la vida siempre serán los límites de un presente. De todo aquello capaz de nombrar por uno mismo en cada día, será llenado y vaciado el tiempo todo, el de memoria en vida y el del futuro que no es de este mundo.