Esta conversación no es de política, ni de economía, ni de poder, guerras o racismo, o inteligencia artificial, ni de cultura o arte. No es de la colectividad llamada pueblo o nación, que para muchos no existe más que en las urnas y los tributos.
Esta conversación trata de la vida que de uno en uno se vive, la entenderán aquellos que no han vendido su alma a la ambición terrenal, los que aun creen en la bondad y el amor, y son conscientes de ser una frágil y maravillosa criatura del universo.
Como persona, alguna vez se moverá de nuestro lado la más fuerte y alta de nuestras montañas, y seremos presa de un extravío en la ruta de la vida. Se comprenderá entonces, en ese sinsentido, que no es la Fe la que mueve montañas, sino lo hace algo llamado Realidad.
Ya en soledad, con los ojos sin paisaje, el horizonte sin nuevo amanecer, y los labios sin gota de miel, otra vez se tendrá que volver al mundo por sus caminos, a reconstruir la montaña que se llevó la vida en su feroz y feraz corriente.
Y es el Amor, en la familia, en el amigo, el niño, el perro, la naturaleza; en la tinta del verso íntimo, en el silencio de una mirada, en la mismísima tristeza de la nostalgia, el camino para volver al mundo, y en él, acoger lo vivo y la vida.
Es así, que el sabio con su sabiduría, el genio con su inteligencia, el astuto con su estrategia, el pobre con su pobreza, y el rico con su riqueza, serán divididos en los almados y los desalmados, por ser o no, capaces de condolerse de lo propio y lo de otro.
Yo, aun con el alma al servicio de la vida, hablo desde la persona que se sabe muchos y a la vez uno, sin ser nunca más de uno; hablo desde la bruma que esconde las montañas que creí perdidas; hablo, abrevando del amor la claridad que muestra los caminos para siempre volver a lo esencial del ser.
Esta conversación es personal, contigo, que el dolor te ha vuelto a saberte uno, y a abrazar tu ser; contigo, quien ha escuchado decirse a su alma y su cuerpo: somos tú y yo, andemos el camino. Y también, es para ti, que has despejado la bruma de mis montañas perdidas, con el viento amoroso de tu oración y afecto.