No son simples mentiras. En el equilibrio de la convivencia con los mitos se juegan calamidades. Los constructos fundacionales en las conciencias de las sociedades surgen de sus aspiraciones y necesidades, son aproximaciones verosímiles a los entornos. Lo verosímil no equivale a lo verdadero. Cada mito es un acercamiento a la realidad que, en su intención por modificarla, reside una amenaza constante de sustituirla: si el mito ocupa el lugar de la realidad no gana el mito, pierde la realidad que no se asume como tal.
El mito ideológico del gobierno mexicano no aguanta contradicciones. En el país de la amoralidad política es tan redituable un mito moral, como peligroso no entender su fragilidad social. El mito protege a un presidente que ve en el cubrebocas a un enemigo en campaña. Amparado en el cretinismo trata al pedazo de tela como adversario electoral y minimiza sus cualidades. Ya le pondrá un apodo. Nosotros olvidaremos su desprecio al abandonarlo en lo anecdótico.
Asumimos que la realidad se parece al mito cuando dejamos de hablar de lo que se sitúa fuera de él. El mito pide sustraer la atención de los hechos. Todo mito depende de negar su refutación y de la inmunidad al escándalo que no ve urgencia en extrañarse ante la incoherencia. Caímos en su juego, la apreciación política asegura que la Virgen está pariendo en el altar. Lo que por instantes se interpreta en el canon del delirio se disocia de los costos en lo real.
Cuando un presidente actúa convencido de que la vida se parece al mito, sólo dificulta mejorarla. Cualquier gobernante que habite su propia mitología será un irresponsable. La irresponsabilidad de los medios y de la opinión pública está en dejar de asumir que está mal lo que dice un gobierno y sobre lo que se coincide. En la aversión a la comparación se exhibe un deseo por la no competencia que elude la responsabilidad.
Asumido como un moralista, el Presidente se preocupa por el eco de sus planteamientos; es su propio administrador de refutabilidad. Desecha el deber del político como traductor en hechos de los planteamientos del moralista. Ser político le estorba; los hechos estorban si enfrentan al principio de realidad que contradice el mito.
@_Maruan