Contra el ocio

Ciudad de México /

Si alguien creyó que la constante ruptura de códigos democráticos desde Palacio no tendría costos sobre el entendimiento político nacional, no ha visto la puerta que se abrió hace más de cuatro años.

Una dosis de sobresimplificación y poca distancia ronda en muchos análisis alrededor del intento por responder a la manipulación del oficialismo a los tiempos electorales. El problema no es si los partidos de oposición se adelantaron a la par del gobernante, si sus modos se asemejan o actúan como lo que son. No hay relativización a los métodos construidos sobre la marcha de la coalición opositora. Caer en su relación de fracturas es superficial; se dan por norma al juntar más de una persona.

La tragedia democrática mexicana se encuentra en la necesidad de asumir los costos políticos del desvarío como forma de, tal vez, apostar a saldarlos en un futuro. Pensarlo es hacerlo sobre la complejidad de la democracia.

El insulto y la negación como política pública, la voracidad identitaria y la seguridad de que su existencia depende de la inexistencia política de toda otra expresión, son insumos suficientes para rechazar la continuidad de un gobierno.

Las prioridades cambian dentro de sus límites. Será un error suponer que lo anterior valida cualquier barbaridad con tal de enfrentar embestidas. Es rejerarquizar atenciones a partir del contexto.

Repeticiones sobre ciudadanizar los partidos sirven para editoriales que no dicen mucho, se acercan al ocio y viven tergiversadas de inicio. Los partidos políticos no adquieren carácter ciudadano despartidizándose. Son las herramientas mediocres con las que contamos para participar en el componente electoral de la democracia. Se ciudadanizan con la preocupación cotidiana de los individuos en la vida de un país. Incluso los nuestros dependen de votos.

Hacia 2024 no tendremos un escenario más congruente en términos de civilidad y democracia. Tenemos el de un retroceso construido donde un lado nació de lo burdo y el otro verá si sigue en una lucha antropófaga, producto del autosecuestro de sus estructuras.

La realidad impone, frecuentemente condena y es con la que se hace política. No con la ingenuidad que sobra. También la utopía y la pureza.


  • Maruan Soto Antaki
  • Escritor mexicano. Autor de novelas y ensayos. Ha vivido en Nicaragua, España, Libia, Siria y México. Colabora con distintos medios mexicanos e internacionales donde trata temas relacionados con Medio Oriente, cultura, política, filosofía y religión.
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